La Polinesia Francesa: islas donde perderse

Polinesia Francesa

¡ A las islas ! me reclama el corazón

lienzos de Gauguin acuden a mis retinas

relatos de Stevenson sacuden mi memoria

Tahití, Bora Bora, lugares mágicos

¡ A las islas ! galopa el corazón

Aventuras en los Mares del Sur

intrépido, dispuesto a alcanzar la luz

de sus estrellas, en días de navegación.

¡ A las islas ! donde llevarte, mi alma

donde compartir los eternos paisajes de la juventud

donde confundir el azul del cielo con el verde de su mar

donde perdernos entre la inocencia de sus gentes….

(Javier Gómez)

Nostalgia…

Los Mares del Sur… sólo nombrarlo evocamos en nuestra mente las mil y una aventuras que de pequeños leímos en los libros de Stevenson. Y vuela nuestra imaginación recordando los paisajes que dibujábamos en nuestra mente: playas inmensas; fondos coralinos, verdes, azules, arenas blancas… una paleta de colores con la que dibujar el mundo de la tranquilidad, la paz, la brillantez, la luminosidad, de cada una de sus islas. Y poco a poco sentimos como el corazón se agita, queriéndose salir del pecho; dispuesto a cruzar el cielo para tocar esa arena fina, y ver ese amanecer en sus costas, uno de los más bellos del mundo, y bucear entre peces de colores, y respirar el aire puro y nostálgico de nuestros propios sueños…

La Polinesia Francesa conforma un territorio que está disperso a lo largo de todo el Pacífico Sur. Cinco archipiélagos, Sociedad, Marquesas, Tuamotú, Gambier y Australes, que ocupan casi 4.000 km2 de tierras emergida sobre el mar. Actualmente pertenecen a Francia, que se las anexionó en el siglo XIX, aún cuando desde 1984, esta condición de colonias se ha visto reducido al haberse instaurado un parlamento y un gobierno autónomos. La población es mayoritariamente de origen polinésico, aunque también hay un 5% de caucásicos y asiáticos.

Tahití, dentro de las islas Sociedad, es la más conocida y grande, pues en ella se concentra el 69% de la población, además de englobar a la capital del archipiélago, Papeete. Por ello, esta isla tiene una doble vertiente en la que podemos encontrar una ciudad bastante caótica, pues al no estar demasiado evolucionada, no recoge bien el inmenso tráfico que su capital recibe diariamente; y sin embargo, adentrándonos en la isla, encontraremos un interior salvaje, en el que destaca la cima del Aorai, desde obtendremos unas magníficas vistas de todo el mar, y de la propia isla, con sus picos volcánicos emergiendo entre nubes.

Desde su muelle de Motu Uta, podremos coger algunas de la motonaves que surcan el mar, transportándote de isla en isla… y así, empezamos nuestra gran aventura.

Bora Bora es quizás el lugar ideal para rememorar todas aquellas viejas historias de paraísos de vegetación. Las instalaciones hoteleras en esta isla son espectaculares. Cerrad los ojos, porque todo aquello que se os vengan en forma de imágenes es lo que encontraréis aquí… bungalows, cabañas que surgen del mar, sobre columnas de troncos, con sus pequeñas terrazas que te hacen sentir sólo en medio del océano, entre colores verdes, azules turquesas y fondos transparentes. Lagunas coralinas donde bañarse por la noche tranquilamente; piscinas que se confunden con el propio mar, y una línea de playa de arenas finas y claras, entre palmeras y cocoteros… y mientras toamos el sol en algunas de las hamacas, las gentes del lugar que se acercan a nosotros ataviados con sus trajes típicos polinésicos para ofrecernos un cocktail espectacular…

Un sueño, sí, pero existe: es Bora Bora. En los mismo hoteles en Bora Bora te organizan actividades que te permitirán relajarte aún más si puede ser: remar en piragua, bucear entre corales, recorrer la isla a caballo, introducirte en la Selva, y escuchar los sonidos propios de ella, llegar a los parajes más sorprendentes y bonitos que pueda uno imaginarse, entre cascadas, lagunas, y espesa vegetación. Como Tahití, Bora Bora y la isla de Moorea forma parte de las Islas Sociedad, las más conocidas.

Rangiroa, en Tuamotú, es otra de las islas más bellas de la Polinesia Francesa. El mayor atolón coralino y un auténtico paraíso para los submarinistas. Una isla prácticamente plana, soleada y anclada en el tiempo.
En las Islas Marquesas destaca Hiva Oa, la isla donde yace Gauguin, y que tanto dibujó en sus lienzos. Son islas volcánicas, con grandes crestas, basálticas. Son las islas narradas en sus aventuras por Stevenson, en las que también murió.

Las islas Australes son las más alejadas. Se mantienen vírgenes prácticamente, con muy poco turismo. Allí, aún llegan las ballenas muy cerca de las playas. Y en las cimas de Rapa, la isla más alejada y misteriosa, aún pueden encontrarse templos y fortalezas de tiempos pasados.

Escojamos la isla que escojamos, nos veremos sumergidos en un mundo casi irreal; olvidaremos la civilización; nos relajaremos, y viviremos de continuo una auténtica aventura. Como el propio Stevenson dijo en su novela “los Mares del Sur”

“Pocos de los hombres que vienen a estas islas, las dejan: llegan a viejos donde una vez se establecieron, y la sombra de las palmas y los vientos alisios los abanican hasta que se mueren, quizás abrigando hasta el último momento la ilusión de una visita al país nativo que raramente hacen, más raramente disfrutan y todavía más raramente renuevan. Ningún lugar ejerce el poder de atracción sobre el visitante”.

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Comentarios (1)

  1. jesus dice:

    si claro es interesante conocer lo más Insolito y Espelusnante que guardan los rincones mas oscuros de la Tierra aún hay o existen lugares que el hombre actual no ha logrado decubrir y desifrar ciertos aspectos sorprendentes y sobresalientes en Insitu.

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