Ruta por el norte de Tenerife: de Santa Cruz a Garachico

Ruta por el norte de Tenerife

Recorrer el norte de Tenerife es una de las mejores maneras de conocer la historia de la isla y entender cómo sus pueblos, sus paisajes y sus tradiciones han ido cambiando a lo largo de los siglos. En relativamente pocos kilómetros podemos pasar de una capital abierta al Atlántico, Santa Cruz, a una ciudad colonial, La Laguna, atravesar antiguos caminos entre viñedos y plataneras, subir hasta los paisajes volcánicos del Teide y terminar junto al mar, en una villa que tuvo que reconstruir su historia después de una erupción, Garachico.

He recorrido muchas veces estas carreteras y, aunque conozca buena parte de sus rincones, siempre encuentro algún motivo para detenerme. Puede ser una calle que no había observado con atención, un mirador desde el que las nubes dejan ver el valle o un pequeño restaurante donde todavía se cocina como se hacía en las casas de nuestros abuelos. Son detalles que forman parte del carácter de Tenerife y que, en ocasiones, pasan desapercibidos cuando viajamos con demasiada prisa.

En esta ocasión quiero proponerte una ruta desde Santa Cruz de Tenerife hasta Garachico, pasando por San Cristóbal de La Laguna, La Orotava, el Parque Nacional del Teide, Puerto de la Cruz e Icod de los Vinos. Un recorrido que podemos organizar por nuestra cuenta, preferiblemente en dos jornadas, o adaptar a una excursión de un día seleccionando algunas de sus principales paradas.

Santa Cruz de Tenerife, donde comienza nuestro recorrido

Nuestra primera parada en el norte de Tenerife es Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla y una ciudad cuya historia siempre ha estado relacionada con el mar. Su puerto fue durante siglos uno de los principales puntos de entrada y salida de mercancías, viajeros e ideas, algo que todavía se percibe en su arquitectura, en sus calles y en el ambiente de sus barrios más antiguos.

Me gusta comenzar el paseo por la plaza de España, junto al puerto. Es un buen lugar para situarnos y acercarnos al centro histórico. Desde allí podemos caminar hacia la plaza de la Candelaria, recorrer la calle del Castillo e ir de tiendas y detenernos en algunas de las plazas que encontramos por el camino.

Santa Cruz tiene una vida comercial muy activa, pero también conserva lugares donde merece la pena detenerse. Uno de mis preferidos es el Mercado de Nuestra Señora de África, conocido popularmente como La Recova. Su arquitectura, sus patios y sus puestos de frutas, verduras, pescados y productos canarios forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Es especialmente agradable visitarlo por la mañana, cuando todavía mantiene ese movimiento propio de los mercados tradicionales.

Otro lugar que recomiendo es el parque García Sanabria. Sus jardines, sus grandes árboles y sus paseos permiten disfrutar de un ambiente tranquilo en pleno centro urbano. Desde aquí podemos continuar hacia las Ramblas o acercarnos a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, uno de los edificios religiosos más importantes de la capital.

Antes de abandonar Santa Cruz, merece la pena acercarse al Auditorio de Tenerife, obra del arquitecto Santiago Calatrava. Su silueta blanca, junto al océano, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.

Santa Cruz tiene suficientes atractivos para dedicarle un día completo, pero nuestro recorrido continúa hacia el interior, en dirección a una de las ciudades históricas más importantes de Canarias.

Santa Cruz de Tenerife
Santa Cruz de Tenerife

San Cristóbal de La Laguna, entre calles coloniales y antiguas casonas

Apenas unos kilómetros separan Santa Cruz de San Cristóbal de La Laguna, pero el cambio de ambiente se nota enseguida. La altitud, el clima, la arquitectura y hasta el ritmo de sus calles son diferentes.

La Laguna fue fundada a finales del siglo XV y se convirtió en uno de los principales centros políticos, religiosos y culturales de Tenerife. Su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, entre otras razones por su trazado urbano, que sirvió de referencia para numerosas ciudades fundadas posteriormente en América.

Una de las cosas que más disfruto de La Laguna es caminar por sus calles sin un itinerario demasiado estricto. La calle de la Carrera, la calle de San Agustín y la plaza del Adelantado son buenos puntos de partida para conocer su patrimonio.

En el recorrido encontramos edificios tan interesantes como la Casa Salazar, el Palacio de Nava, la Catedral de Nuestra Señora de los Remedios o la iglesia de la Concepción, cuyo campanario es uno de los símbolos de la ciudad.

También merece la pena prestar atención a las antiguas viviendas señoriales. Muchas conservan fachadas de colores, balcones de madera y patios interiores que recuerdan la importancia que tuvo La Laguna durante varios siglos.

Pero esta ciudad no vive únicamente de su pasado. La presencia de la Universidad de La Laguna le da un ambiente joven y animado, con cafeterías, librerías, pequeños comercios y terrazas donde siempre apetece sentarse un rato.

Hay algo que conviene tener presente antes de visitarla: La Laguna se encuentra a unos 550 metros sobre el nivel del mar, y su clima suele ser bastante más fresco que el de Santa Cruz. No es extraño encontrar una mañana gris y húmeda en la ciudad mientras, a pocos kilómetros, el sol luce junto a la costa.

Desde La Laguna tomamos la autopista del norte, la TF-5, en dirección al Valle de La Orotava.

San Cristóbal de la Laguna
San Cristóbal de la Laguna

La Orotava, uno de los conjuntos históricos más bonitos de Tenerife

La llegada al Valle de La Orotava nos ofrece algunas de las panorámicas más conocidas del norte de Tenerife. Las laderas descienden desde las montañas hasta el Atlántico, cubiertas por barrios, cultivos, jardines y antiguas fincas agrícolas. Cuando el tiempo está despejado, el Teide aparece al fondo, dominando todo el paisaje.

Nuestra siguiente parada es La Orotava, una villa que conserva uno de los conjuntos de arquitectura tradicional más interesantes de Canarias.

Pasear por su casco histórico exige tomarse las cosas con cierta calma. Sus calles tienen bastante pendiente y, entre una plaza y otra, vamos encontrando antiguas casonas, iglesias, conventos y balcones de madera que han resistido el paso de los siglos.

La Casa de los Balcones es uno de sus edificios más conocidos. Construida en el siglo XVII, es un magnífico ejemplo de la arquitectura tradicional canaria, especialmente por el trabajo de carpintería de sus balcones y patios.

Muy cerca encontramos la Casa del Turista y otros edificios que ayudan a comprender cómo vivían las familias acomodadas de la villa durante los siglos pasados.

Otro de los lugares que merece una visita es la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, uno de los templos más destacados de Tenerife. Su fachada y sus dos torres forman parte de una imagen muy característica de La Orotava.

También recomiendo acercarse a los jardines del Marquesado de la Quinta Roja, conocidos como los Jardines Victoria. Desde sus terrazas se obtienen bonitas vistas de la villa y de buena parte del valle.

Si tienes la oportunidad de visitar La Orotava durante las celebraciones del Corpus Christi, podrás conocer una de sus tradiciones más importantes: la elaboración de alfombras de flores y arenas volcánicas. La monumental alfombra que se realiza en la plaza del Ayuntamiento es un trabajo artístico extraordinario, fruto de una tradición transmitida de generación en generación.

La Orotava conserva además una estrecha relación con el mundo rural. Sus antiguas haciendas, sus cultivos y sus caminos recuerdan la importancia que tuvieron la agricultura y el comercio en el desarrollo económico del valle.

Después de recorrer sus calles, continuamos hacia la montaña. Desde aquí comienza una de las partes más interesantes de nuestra ruta.

Alfombra en La Orotava
Alfombra en La Orotava

Parque Nacional del Teide, un paisaje marcado por los volcanes

No hay ninguna ruta que podamos aconsejar por el norte de Tenerife que no incluya la visita al Teide.

La carretera TF-21, que asciende desde La Orotava hacia el Parque Nacional del Teide, permite observar cómo cambia la vegetación a medida que ganamos altitud.

Dejamos atrás las zonas agrícolas y comenzamos a atravesar extensos pinares canarios. En determinados tramos, los árboles crecen sobre pendientes pronunciadas, entre antiguas coladas y barrancos que forman parte de la historia geológica de Tenerife.

Uno de los momentos más bonitos de la subida llega cuando atravesamos la zona donde suelen acumularse las nubes. En ocasiones, al superar cierta altitud, el cielo vuelve a despejarse y podemos contemplar desde arriba un enorme mar de nubes que cubre el valle.

Conviene detenerse en alguno de los miradores habilitados para disfrutar de este fenómeno, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.

A medida que nos acercamos a El Portillo, el paisaje cambia nuevamente. Los pinares comienzan a desaparecer y entramos en un territorio donde predominan las rocas volcánicas, las grandes extensiones de piedra pómez y una vegetación adaptada a condiciones climáticas muy exigentes.

El Parque Nacional del Teide fue creado en 1954 y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2007. En su interior se encuentra el Teide, que alcanza los 3.715 metros de altitud y constituye la montaña más alta de España.

Pero lo que realmente me impresiona de este lugar no es solamente la altura del volcán, sino la variedad de paisajes que podemos encontrar a su alrededor.

Las Cañadas del Teide forman un enorme escenario geológico donde se pueden observar coladas de distintas épocas, conos volcánicos, formaciones rocosas y terrenos de colores muy diferentes.

Una de las paradas más conocidas es la de los Roques de García, junto al Parador de Turismo. Allí encontramos el Roque Cinchado, una formación rocosa cuya silueta llegó a aparecer en los antiguos billetes de mil pesetas.

También merece la pena acercarse a las Minas de San José, donde el terreno presenta tonalidades claras y ocres, o detenerse en alguno de los miradores desde los que se contempla la inmensidad del parque.

Quienes dispongan de más tiempo pueden realizar alguno de los senderos autorizados. Eso sí, hay que recordar que estamos en un espacio natural protegido y que determinadas rutas, especialmente las que permiten acceder a la cima, requieren permisos específicos.

Tampoco debemos olvidar la altitud. Aunque en la costa haga calor, las temperaturas en el parque pueden ser bastante bajas, especialmente durante el invierno. Es recomendable llevar ropa de abrigo, agua, protección solar y calzado adecuado.

Para continuar nuestra ruta hacia Puerto de la Cruz, regresamos por la carretera de La Orotava, disfrutando nuevamente de las vistas del valle durante el descenso.

Atardecer en el Teide
Atardecer en el Teide

Puerto de la Cruz, historia turística y tradición marinera

Puerto de la Cruz ocupa un lugar muy especial en la historia del turismo de Tenerife. Mucho antes del desarrollo de los grandes complejos vacacionales del sur de la isla, esta localidad ya recibía visitantes europeos atraídos por su clima, sus jardines y el entorno natural del Valle de La Orotava.

Durante el siglo XIX comenzó a consolidarse como destino para viajeros extranjeros, y con el paso del tiempo se convirtió en uno de los principales centros turísticos de Canarias.

Sin embargo, lo que más me gusta de Puerto de la Cruz es que todavía conserva una parte importante de su pasado marinero.

Podemos comenzar el paseo por la plaza del Charco, uno de los principales lugares de encuentro de la ciudad. Desde allí, en pocos minutos, llegamos al antiguo muelle pesquero, donde todavía podemos contemplar pequeñas embarcaciones y disfrutar de las vistas del Atlántico.

Las calles próximas al muelle conservan algunos de los rincones con más encanto del casco histórico. Merece la pena recorrer el barrio de La Ranilla, con sus casas tradicionales, sus pequeños restaurantes y los murales que decoran numerosas fachadas.

Otro de los lugares más conocidos de Puerto de la Cruz es el Lago Martiánez, un complejo de piscinas de agua de mar diseñado por César Manrique. Su combinación de roca volcánica, jardines, esculturas y grandes superficies de agua constituye uno de los ejemplos más interesantes de integración entre arquitectura y paisaje de la isla.

Muy cerca se encuentra el paseo de San Telmo, desde donde podemos observar la costa y el fuerte oleaje que, especialmente durante los meses de invierno, caracteriza a esta parte de Tenerife.

Si disponemos de tiempo, también podemos visitar el Jardín Botánico, creado en el siglo XVIII para aclimatar plantas procedentes de regiones tropicales. Sus enormes árboles y su extraordinaria variedad vegetal hacen que el paseo resulte especialmente agradable.

Puerto de la Cruz es, además, un buen lugar para hacer una pausa y comer. En el casco antiguo encontramos restaurantes de cocina canaria, pequeños establecimientos familiares y terrazas donde disfrutar de pescado fresco, papas arrugadas o alguno de los platos tradicionales de la isla.

Y si decides dedicarle más tiempo, descubrirás que tiene suficientes atractivos para organizar una visita independiente, desde sus playas de arena negra hasta sus barrios históricos y sus jardines.

Lago Martiánez en Puerto de la Cruz
Lago Martiánez en Puerto de la Cruz

Icod de los Vinos, historia, tradición y un árbol centenario

Dejamos Puerto de la Cruz y continuamos por la carretera del norte hacia Icod de los Vinos, una localidad situada en una comarca donde la agricultura, especialmente el cultivo de la vid, ha tenido una gran importancia histórica.

Icod es conocido principalmente por el Drago Milenario, uno de los símbolos naturales más representativos de Canarias.

Este impresionante ejemplar de Dracaena draco se encuentra junto al casco histórico y destaca por las dimensiones de su tronco y su enorme copa. Aunque tradicionalmente se le atribuyó una antigüedad de miles de años, las estimaciones actuales son bastante más prudentes y sitúan su edad en varios siglos.

Podemos contemplarlo desde las inmediaciones de la plaza de Andrés de Lorenzo Cáceres o acceder al Parque del Drago, un espacio dedicado a su conservación y al conocimiento de la flora canaria.

Pero Icod merece una visita que vaya más allá de su árbol más famoso. La plaza de Andrés de Lorenzo Cáceres, la iglesia de San Marcos y las calles del casco histórico forman un conjunto agradable para pasear. Todavía encontramos antiguas viviendas canarias, balcones de madera y pequeños comercios que conservan parte del ambiente tradicional de la localidad.

El vino también forma parte de su identidad. Durante siglos, esta zona de Tenerife mantuvo una importante actividad vitivinícola, y actualmente continúa produciendo vinos vinculados a las variedades de uva cultivadas en las islas. Si tenemos ocasión, podemos acercarnos a alguno de los establecimientos especializados y conocer mejor esta tradición.

Otro lugar especialmente interesante es la Cueva del Viento, uno de los sistemas de tubos volcánicos más extensos del mundo. Se formó a partir de antiguas coladas de lava y constituye un extraordinario ejemplo de la actividad volcánica de Tenerife.

Su visita debe reservarse previamente y requiere bastante tiempo, por lo que recomiendo dejarla para otra jornada si estamos realizando el recorrido completo hasta Garachico.

Desde Icod continuamos hacia el oeste. Nos separan pocos kilómetros de nuestro destino final, aunque el paisaje todavía nos reserva algunas sorpresas.

Drago Milenario en Icod de los Vinos
Drago Milenario en Icod de los Vinos

Garachico, la villa que tuvo que empezar de nuevo

Llegar a Garachico es encontrarse con una de las localidades que mejor conservan el ambiente de las antiguas villas canarias. Sus calles, sus plazas y sus edificios históricos cuentan una historia que estuvo marcada por el comercio, la prosperidad y una de las erupciones volcánicas más importantes del pasado de Tenerife.

Durante los siglos XVI y XVII, Garachico fue uno de los principales puertos comerciales de la isla. Desde sus instalaciones salían productos agrícolas y vinos con destino a diferentes mercados europeos y americanos.

La actividad portuaria favoreció el crecimiento de la localidad, que llegó a contar con importantes edificios religiosos, casas señoriales y establecimientos comerciales.

Sin embargo, en 1706 se produjo la erupción del volcán de Trevejo, también conocido como Arenas Negras. Las coladas descendieron hacia la costa y destruyeron buena parte de las instalaciones portuarias, alterando profundamente el futuro económico de Garachico.

Aunque la población consiguió reconstruir la villa, el puerto nunca recuperó la importancia comercial que había tenido anteriormente. Curiosamente, aquella tragedia también dejó uno de los paisajes más característicos de Garachico: las piscinas naturales de El Caletón.

Estas formaciones se originaron cuando la lava llegó al mar y se enfrió, creando un conjunto de pequeñas piscinas y canales entre las rocas volcánicas. Actualmente son uno de los lugares más visitados de la localidad, especialmente durante los meses de verano.

Eso sí, conviene recordar que estamos en una costa abierta al Atlántico. Cuando el mar presenta fuerte oleaje, el baño puede resultar peligroso y deben respetarse las indicaciones de seguridad.

El casco histórico de Garachico merece un paseo tranquilo. Podemos comenzar en la plaza de la Libertad, rodeada de edificios tradicionales, jardines y terrazas. Muy cerca encontramos la iglesia de Santa Ana, el antiguo convento de San Francisco y otras construcciones que recuerdan la importancia histórica de la villa.

Desde aquí podemos adentrarnos en la mágica Puerta de Tierra, situada en lo que antiguamente era el puerto que fuera arrasado por las coladas volcánicas.

Junto a la costa se encuentra el Castillo de San Miguel, una pequeña fortificación construida para proteger el antiguo puerto frente a los ataques marítimos.

También recomiendo caminar por las calles próximas al mar y observar las fachadas de las casas tradicionales, muchas de ellas cuidadosamente restauradas.

Antes de terminar la visita, merece la pena subir hacia el mirador de Garachico, en la carretera que conduce a El Tanque. Desde allí podemos contemplar una de las panorámicas más bonitas del norte de Tenerife, con los tejados de la villa, la costa volcánica y el Roque de Garachico emergiendo del océano.

Es un buen lugar para comprender cómo el relieve volcánico ha condicionado durante siglos la vida de quienes habitan esta parte de la isla.

Y también es una buena manera de terminar nuestro recorrido, contemplando desde lo alto una localidad que, pese a las dificultades de su historia, ha sabido conservar buena parte de su patrimonio y de su identidad.

Garachico
Garachico

Consejos para organizar una ruta por el norte de Tenerife

Aunque las distancias entre las localidades de este recorrido por el norte de Tenerife no son especialmente grandes, hay que tener en cuenta que las carreteras de montaña y las visitas a los cascos históricos requieren bastante tiempo.

Si quieres conocer todos los lugares que hemos mencionado, mi recomendación es distribuir la ruta en dos jornadas.

  • El primer día podemos dedicarlo a Santa Cruz, La Laguna y La Orotava, reservando algunas horas para pasear por sus centros históricos y conocer sus principales monumentos.
  • La segunda jornada podemos comenzar con la subida al Parque Nacional del Teide, regresar hacia Puerto de la Cruz y continuar después hacia Icod de los Vinos y Garachico. Será un día intenso, por lo que conviene salir temprano y seleccionar bien las paradas.

Si únicamente dispones de una jornada, tendrás que reducir el tiempo dedicado a cada localidad o elegir los lugares que más te interesen.

También es importante tener presente que el clima del norte de Tenerife puede variar considerablemente. Podemos comenzar la mañana con sol en Santa Cruz, encontrar nubes en La Laguna y disfrutar de un cielo completamente despejado en el Parque Nacional del Teide.

Por eso recomiendo llevar ropa cómoda, algo de abrigo y consultar las previsiones meteorológicas antes de salir, especialmente si tenemos previsto ascender a las zonas más altas de la isla.

En cuanto a la gastronomía, el recorrido ofrece numerosas oportunidades para conocer la cocina tradicional canaria. Podemos probar quesos de la tierra, papas arrugadas con mojo, pescado fresco, carnes preparadas al estilo de la isla o alguno de los vinos producidos en el norte.

Y si tenemos ocasión, merece la pena comer en un guachinche, esos establecimientos tradicionales vinculados al vino de cosecha propia donde todavía se sirven muchos de los platos más populares de Tenerife.

Un recorrido para comprender mejor Tenerife

Al terminar esta ruta por el norte de Tenerife habremos conocido ciudades que desempeñaron un papel fundamental en la historia de Canarias, pueblos que conservan su arquitectura tradicional y paisajes que ayudan a comprender el origen volcánico de la isla. Pero también habremos visto cómo el norte de Tenerife mantiene una relación muy estrecha con su pasado agrícola, con el océano y con unas tradiciones que continúan presentes en la vida cotidiana de sus habitantes.

Santa Cruz nos habrá mostrado su carácter urbano y comercial; La Laguna, su herencia histórica; La Orotava, la belleza de su arquitectura; el Teide, la fuerza de la naturaleza; Puerto de la Cruz, su tradición turística y marinera; Icod, su patrimonio natural; y Garachico, la historia de una villa que aprendió a convivir con las consecuencias de una erupción.

Cada uno de estos lugares tiene motivos suficientes para una visita independiente. Y quizá esa sea la mejor conclusión de nuestro recorrido: después de conocerlos, siempre queda algún rincón al que apetece regresar.

Excursión al Teide, Icod, Masca y Garachico desde Puerto de la Cruz

Si estás de vacaciones en Tenerife y prefieres conocer algunos de los lugares más interesantes del norte de Tenerife sin tener que conducir ni organizar los desplazamientos, puedes optar por una excursión organizada con salida desde Puerto de la Cruz.

Itinerario de la excursión

Esta actividad permite visitar algunos de los paisajes más representativos de Tenerife, comenzando por el entorno del Parque Nacional del Teide, donde conocerás las formaciones volcánicas y los extraordinarios paisajes de alta montaña que caracterizan el centro de la isla.

El recorrido incluye también una visita a Masca, uno de los caseríos más conocidos de Tenerife, situado entre las montañas del macizo de Teno. Sus casas tradicionales y su espectacular entorno natural hacen de este pequeño núcleo uno de los lugares más fotografiados de la isla.

La excursión continúa por el noroeste de Tenerife, con paradas en Garachico, donde podrás conocer la historia de su antiguo puerto y sus piscinas naturales, e Icod de los Vinos, famoso por su Drago Milenario.

Es una alternativa especialmente interesante para quienes disponen de poco tiempo y quieren aprovechar una jornada para conocer diferentes paisajes y localidades sin preocuparse por las carreteras de montaña o los aparcamientos.

Además, viajar acompañado de un guía permite descubrir detalles históricos, culturales y naturales que muchas veces pasan desapercibidos cuando hacemos el recorrido por nuestra cuenta.

¿Qué incluye esta excursión?

  • Recorrido por algunos de los paisajes volcánicos más conocidos de Tenerife.
  • Visita al entorno del Parque Nacional del Teide.
  • Parada en el pintoresco caserío de Masca.
  • Visita a Garachico y su entorno histórico.
  • Parada en Icod de los Vinos para conocer el famoso Drago Milenario.
  • Transporte organizado desde Puerto de la Cruz y acompañamiento de guía, según las condiciones de la actividad.

Es importante tener en cuenta que esta excursión no reproduce exactamente la ruta completa por el norte de Tenerife que hemos descrito en el artículo, ya que no incluye las visitas a Santa Cruz, La Laguna y el casco histórico de La Orotava. A cambio, incorpora Masca, uno de los lugares más interesantes del noroeste de Tenerife.

Si te apetece disfrutar de esta experiencia, puedes consultar los horarios, los precios actualizados, las condiciones y la disponibilidad para la fecha de tu viaje.

Consultar precios y reservar la excursión al Teide, Icod, Masca y Garachico

Esta es una forma cómoda de dedicar un día de tus vacaciones a conocer algunos de los paisajes y pueblos que forman parte de la historia y del carácter de Tenerife.

Autor: Javier Gómez
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