La Fontana di Trevi, la fuente más famosa de Roma

La Fontana di Trevi en Roma

Pocas imágenes representan mejor a Roma que la Fontana di Trevi. Es uno de esos lugares que aparecen en todas las guías de viaje, en infinidad de películas y en millones de fotografías tomadas cada año por viajeros de todo el mundo. Sin embargo, verla en persona es una experiencia muy distinta. Ninguna fotografía consigue transmitir el sonido del agua, la grandiosidad de sus esculturas ni la sensación que produce encontrarse de repente con ella al final de una estrecha calle del centro histórico.

La Fontana di Trevi no es únicamente una de las fuentes más bellas del mundo. También es una obra maestra del barroco romano, un monumento cargado de simbolismo y el punto final de un acueducto que comenzó a llevar agua a la antigua Roma hace más de dos mil años. Su historia, sus leyendas y su arquitectura la han convertido en uno de los lugares más visitados de Italia.

Muy cerca de ella se encuentran otros grandes monumentos de la capital italiana, por lo que suele formar parte de cualquier recorrido por el centro histórico de Roma.

El Foro, el Coliseo, la Iglesia de Santa María la Mayor, San Pedro del Vaticano, y, por supuesto, la Fontana de Trevi son algunas de las visitas más emblemáticas de Roma.

La colina del Quirinal se halla estratégicamente situada en el centro de Roma. A poca distancia del Coliseo de Roma y de la Plaza de España, en ella se encuentra el antigüo palacio pontificio, hoy residencia del presidente de Italia: el Palazzo del Quirinale. Un palacio que fue mandado edificar por el Papa Gregorio XIII en el año 1573, pero que no fue acabado hasta el año 1730. Bernini, entre otros, trabajó en esta fastuosa obra que en el año 1870 se convirtió en el Palacio del Rey, y desde 1947 en la residencia del presidente de la República.

Paseando por el Quirinal

Venimos de la Piazza Venezia. Nuestro principal objetivo es llegar hasta el Palazzo del Quirinal para obtener las magníficas panorámicas que desde la plaza se obtienen, no sin antes detenernos en la famosa Fontana de Trevi.

Para ello, avanzaremos por la Vía del Corso. A nuestro paso iremos observando muchos palacios, pero la primera parada importante podemos hacerla en la Iglesia de San Marcello al Corso, donde en la sacristía de la iglesia podemos contemplar una Crucifixión de Van Dyck. Tras girar por la Vía dell’Umiltà entramos en la Piazza dei Santi Apostoli, presidida por la iglesia del mismo nombre y en la que destacan las figuras de Cristo y los apóstoles que Carlo Rainaldi añadió a las verjas de entrada. Frente a ella se levanta el Palazzo Odescalchi, al que el gran Bernini dio forma con una elegante fachada en 1664. Un poco más arriba, para los amantes de los museos, y haciendo esquina, hay un curioso museo de cera dedicado al terror.

Justo paralela a la Piazza dei Santi Apostoli encontramos la Via di San Vincenzo, que nos conduce directamente hasta la mismísima Fontana di Trevi. Esta calle es una sucesión de palacios y jardines, como los pertenecientes a la poderosa familia Colonna. Un poco más adelante, ya acercándonos a la fuente, aparece la Piazza della Pilotta, dominada por la fachada de la Universidad Gregoriana, y finalmente, en la esquina con la Piazza di Trevi, la iglesia barroca de Santi Vincenzo e Anastasio.

El diseño que Nicola Salvi dio a la Fontana di Trevi fue terminado en el año 1762. Dice la leyenda que una joven llamada Trivia señaló originalmente el manantial, situado a unos 22 kilómetros de Roma, a unos soldados romanos sedientos. Uno de los relieves de la fuente representa precisamente ese momento. Fue allí donde Marco Vipsanio Agripa ordenó construir el acueducto Aqua Virgo, inaugurado en el año 19 a. C., que llevaba agua hasta el corazón de la ciudad.

Un monumento que esconde mucho más de lo que parece

A simple vista puede parecer únicamente una fuente monumental, pero basta con observarla unos minutos para darse cuenta de la enorme cantidad de detalles que contiene.

Toda la composición está integrada en la fachada del Palazzo Poli, como si el edificio se abriera para dejar paso a una gigantesca escenografía de piedra y agua. El resultado produce un efecto sorprendente, ya que la fuente parece surgir directamente de la roca natural sobre la que descansan sus esculturas.

Fontana di Trevi de Roma
Fontana di Trevi de Roma

El barroco buscaba emocionar al espectador, y pocos monumentos consiguen ese objetivo con tanta fuerza como la Fontana di Trevi. El constante movimiento del agua, las formas irregulares de las rocas y la riqueza escultórica hacen que nunca resulte igual dependiendo de la hora del día o de la luz con la que se contemple.

La visión de esta fuente es realmente bella. Resulta sencillamente sorprendente observar cada uno de sus detalles, su perfección, su estilo, su belleza. De estilo barroco, fue en el año 1629 cuando el papa Urbano VIII encargó a Bernini una fuente que fuera digna del lugar donde un día, siglos atrás, se había construido aquel acueducto. Sin embargo, tras la muerte del pontífice, el proyecto quedó abandonado. Años más tarde, en 1730, Clemente XII organizó un concurso para elegir un nuevo diseño y, aunque Nicola Salvi no resultó inicialmente vencedor, finalmente fue él quien recibió el encargo.

Tampoco este papa consiguió ver la fuente terminada. Clemente XII falleció antes de que las obras concluyeran y el propio Salvi murió en 1751, once años antes de que la Fontana di Trevi quedara definitivamente finalizada. Fue Giuseppe Pannini quien dirigió los últimos trabajos y Pietro Bracci quien esculpió la gran figura central, que en realidad no representa a Neptuno, como suele pensarse, sino a Océano (Oceanus), la personificación del océano en la mitología clásica.

Dos tritones guían su carro en forma de concha mientras dominan a dos hipocampos muy diferentes entre sí. Uno aparece sereno y dócil; el otro, inquieto y desbocado. No es un detalle casual. Ambos simbolizan los dos estados del mar, capaz de mostrarse tranquilo un día y completamente imprevisible al siguiente. Es una metáfora muy propia del arte barroco, donde cada elemento tenía un significado más allá de su belleza.

Sobre la gran hornacina central se alza un imponente arco triunfal que aporta aún mayor monumentalidad al conjunto. A ambos lados aparecen dos esculturas alegóricas: la Abundancia, que vierte el agua desde una urna, y la Salubridad, representada sosteniendo una copa de la que bebe una serpiente, símbolo tradicional de la medicina. En la parte superior pueden verse varios relieves que recuerdan precisamente el origen del antiguo acueducto Aqua Virgo y la historia de la joven que señaló el manantial a los soldados romanos.

Fontana di Trevi - detalle central
Fontana di Trevi – detalle central

Todo el conjunto parece cobrar vida gracias al agua. Las rocas parecen naturales, como si la fuente hubiera surgido espontáneamente de la propia colina del Quirinal, mientras el sonido constante del agua consigue que, incluso rodeado de cientos de visitantes, exista una agradable sensación de calma.

Una obra pensada para sorprender

Quizá lo más llamativo de la Fontana di Trevi sea que resulta imposible contemplarla desde lejos. A diferencia de otros grandes monumentos romanos, aparece de repente.

Las estrechas calles del centro histórico apenas dejan entrever algún fragmento de sus esculturas. Uno camina varios minutos entre edificios, cafeterías y pequeñas tiendas sin imaginar la magnitud de lo que está a punto de encontrar. Y, de pronto, al girar una esquina, la plaza se abre y la fuente aparece ocupando casi por completo el espacio.

Ese efecto fue completamente buscado por sus creadores. La plaza no es especialmente grande, de modo que la inmensa fachada barroca llena prácticamente todo el campo de visión del visitante. Es difícil no quedarse unos segundos inmóvil contemplando el conjunto antes incluso de sacar la cámara de fotos.

Si además se tiene la suerte de visitarla a primera hora de la mañana o ya entrada la noche, cuando la afluencia de turistas disminuye, la experiencia cambia por completo. La iluminación resalta cada escultura, el agua adquiere un tono casi plateado y el ambiente invita simplemente a sentarse unos minutos en los escalones de la plaza para disfrutar del momento.

La Fontana di Trevi y el cine

Buena parte de la fama internacional de la fuente se debe también al cine.

Aunque había aparecido anteriormente en distintas producciones, fue La Dolce Vita, de Federico Fellini, la que la convirtió definitivamente en uno de los grandes iconos de Roma. La inolvidable escena protagonizada por Anita Ekberg entrando en la fuente mientras invita a Marcello Mastroianni a acompañarla forma ya parte de la historia del séptimo arte.

Desde entonces, la Fontana di Trevi ha aparecido en numerosas películas, anuncios y documentales, convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Italia. No es extraño que muchos viajeros lleguen hasta aquí recordando precisamente esa escena, aunque hoy resulte impensable repetirla: bañarse en la fuente está terminantemente prohibido y las multas pueden ser muy elevadas.

A pesar de ello, continúa conservando ese aire romántico que Fellini supo captar como pocos. Quizá sea por el sonido del agua, por el color de la piedra al atardecer o simplemente porque pocas ciudades saben combinar arte e historia con tanta naturalidad como Roma.

Romanticismo: las leyendas de la Fontana di Trevi

Pero, ante todo, la Fontana di Trevi rezuma romanticismo, no solo por su belleza, sino también por sus leyendas. La tradición popular dice que hay que lanzar las monedas con la mano derecha por encima del hombro izquierdo. Si se lanza una, quien lo haga volverá algún día a Roma. Si se lanzan dos, encontrará el amor de un romano o una romana. Y si se lanzan tres, la leyenda asegura que acabará casándose con esa persona en la Ciudad Eterna.

Puede parecer una simple superstición, pero basta permanecer unos minutos junto a la fuente para comprobar que prácticamente nadie se resiste a intentarlo. Viajeros de todas las nacionalidades esperan pacientemente su turno para lanzar una moneda al agua, muchos de ellos sonriendo mientras piden un deseo en silencio. Quizá sea precisamente esa mezcla de ilusión y tradición la que convierte este rincón en uno de los lugares con más encanto de Roma.

Lo que muchos desconocen es que todas esas monedas tienen un destino muy concreto. Cada día se recogen varios miles de euros del fondo de la fuente, una cantidad que a lo largo del año supera con creces el millón de euros. Ese dinero se destina íntegramente a proyectos sociales gestionados por Cáritas de Roma, ayudando a familias con dificultades económicas y financiando comedores sociales y programas de asistencia. De alguna manera, la tradición de lanzar una moneda acaba transformándose también en un pequeño gesto solidario.

La Fontana di Trevi hoy

A pesar de haber sido construida hace más de dos siglos y medio, la Fontana di Trevi sigue siendo uno de los lugares más visitados de Italia. Se calcula que varios millones de personas pasan cada año por esta pequeña plaza, convirtiéndola en uno de los rincones con mayor afluencia turística de Roma.

Esa enorme popularidad ha obligado a realizar distintas restauraciones para conservar el monumento. La más importante tuvo lugar entre 2014 y 2015, gracias al patrocinio de la firma italiana Fendi, que financió una profunda limpieza de la piedra, la renovación del sistema hidráulico y la recuperación de numerosos detalles escultóricos que el paso del tiempo había ido deteriorando.

Hoy la fuente luce prácticamente igual que cuando fue inaugurada en el siglo XVIII, permitiendo admirar el trabajo de Nicola Salvi y de todos los artistas que participaron en una de las obras maestras del barroco italiano.

Información práctica para la visita

La Fontana di Trevi puede visitarse gratuitamente a cualquier hora del día, aunque existen momentos mucho más recomendables que otros.

Si se desea contemplarla con cierta tranquilidad, merece la pena madrugar. Antes de las ocho de la mañana todavía es posible disfrutar de un ambiente relativamente calmado y hacer fotografías sin grandes aglomeraciones. Al caer la noche también ofrece una imagen muy diferente. La iluminación resalta los relieves y esculturas, creando una atmósfera especialmente agradable.

La estación de metro más cercana es Barberini (Línea A), situada a apenas cinco minutos caminando. No obstante, la mayoría de los viajeros llega paseando desde la Plaza de España, el Panteón o Piazza Venezia, ya que todos estos monumentos se encuentran a poca distancia unos de otros.

Como ocurre en cualquier lugar muy turístico, conviene prestar atención a las pertenencias personales, especialmente en las horas de mayor afluencia.

También puedes informarte y reservar un tour acompañado de un guía profesional. Tienes más información a continuación:

Un rincón imprescindible de Roma

La Fontana di Trevi no es únicamente una fuente monumental. Es el punto donde convergen la historia de la antigua Roma, el esplendor del barroco, el cine, las leyendas populares y los recuerdos de millones de viajeros que, antes de marcharse, se giran una última vez para contemplarla.

Puede que la tradición de las monedas no tenga ninguna explicación científica. Quizá lanzar una no garantice el regreso a Roma. Pero hay algo que sí parece cumplirse con bastante frecuencia: quien visita la Fontana di Trevi suele marcharse con la sensación de que algún día volverá a verla.

De aquí, para acabar ya el recorrido por el Quirinal, nos dirigiremos a la Piazza del Quirinale, donde nos encontramos con el Palazzo del Quirinale mencionado más arriba y, en el centro de la plaza, las estatuas de Cástor y Pólux, acompañadas por un obelisco y una fuente.

Así que ya sabéis… miraros los bolsillos y buscad monedas por donde sea…

Más lugares para visitar en Roma

Autor: Javier Gómez
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