Patones, la sencillez de las piedras

Patones

Recuerdo que nos dirigíamos en coche hacia Madrid, y aún nos quedaban unos 60 kilómetros cuando me llamó la atención en el mapa el nombre de aquel lugar, Patones. Ya la propia guía nos advertía de la dificultad de las carreteras de acceso, sobre todo por ser de montaña, pero allá que nos dirigimos, tentados a descubrir lo que la curiosidad nos deparaba.

A veces la curiosidad no nos regala rincones memorables, pero en esta ocasión hay que decir que tuvimos suerte. Patones es un pequeño núcleo de casas de piedra, con sus tejados de tejas rojas y sus chimeneas, casi escondidas en un abrupto valle verde. Viviendas de dos o tres plantas como mucho, curiosamente con pocas ventanas, y en pendiente.

Patones es un pueblo que prácticamente se dedica al pastoreo. Se cuentan muchas leyendas del lugar, y algunas de ellas hablan que muchos moradores de la zona llegaron hasta aquí para refugiarse de los árabes, en un lugar que posiblemente jamás encontrarían, ni pensaran que pudiera haber vida humana. Ciertas o no, lo que sí se sabe es que el nombre del pueblo viene de las primeras familias que lo poblaron, que llevaban en sus apellidos el nombre de Patón.

Hace frío en Patones, sí. Además, el paisaje invita a ello. Calles empinadas y de piedra, caminos irregulares que nos hacen subir y bajar, caminando tranquilamente. A poco nos salen al encuentro algunos vecinos que nos miran un tanto curiosos. ¿Turistas aquí?, ¿en Patones?. Claro, ¿porqué no?. Una sencilla iglesia de piedra con su campanario se abre en la siguiente esquina. Data de 1653 y ofrece la misma sencillez que toda la arquitectura del pueblo.

El verde del paisaje se confunde en ocasiones con las callejuelas de Patones. La imagino en invierno, cubierta de nieve, tan coqueta. El juego de color entre la piedra y la blancura debe ser idílico. A las afueras se halla la Ermita de la Virgen de la Oliva, restos de una antigua ermita del siglo XII o XIII, de estilo mudéjar.

Callejear por ella sólo os llevará un pequeño rato. Tras él, podéis acercaros al Restaurante Rey de Patones, que cierra sólo los miércoles. La cocina es muy tradicional, con sus riquísimos patés de perdiz y conejo, las migas, alubias con oreja, rabo y morcilla, pimientos de piquillo rellenos de bacalao, cabrito al horno de leña o sus carnes rojas.

Así que si tenéis la oportunidad, echar un vistazo en el mapa de la provincia de Madrid el pueblo de Patones. Siempre que me ha pedido un amigo de organizarle un viaje a Madrid, aparte de la capital, he recomendado tres pueblos: Alcalá de Henares, Aranjuez y, por el encanto, Patones. Ya os digo de antemano que hay que estar atento para llegar, y tener cuidado con las carreteras. Pero será un desvío que os encantará, ya lo veréis.

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