El barrio del Sacromonte, duende y alma gitana

Barrio de Sacramonte

Granada encierra en sus calles un lugar especial, un sitio a quien su pasado ha dado su señal de identidad. Su raza, su sangre, su duende… el Sacromonte tiene alma propia, la que te transmite el encalado de sus casas, o el empedrado de sus empinadas calles, o las gentes que lo habitan. Es un barrio que transforma la quietud del día en alegría de noche, en folklore, como si hubieran abierto un grifo en lo más alto del barrio, y esa sangre gitana inundara cuanto a su paso se cruza de su tan peculiar forma de vida.

Ya la entrada al Sacromonte empieza a vislumbrarte lo que te encontrarás unas cuantas calles más allá. Es el barrio del Albaicín, declarado Patrimonio de la Humanidad, el que hemos de atravesar para llegar al Sacromonte. La cuesta del Chapiz nos lleva hacia su corazón, entre fatigas que se alivian por el paisaje que nos ofrece la colina de Valparaíso, entre chumberas y claveles, entre jazmines y pitas, con el Darro muy abajo, y la sobrebia Alhambra animándonos a seguir adelante.

Y así llegamos a sus cuevas, la más típica vivienda de este popular barrio, creadas a partir del siglo XVI tras la expulsión de los judíos y la llegada de los gitanos nómadas. Y esas cuevas tan particulares y especiales se han convertido en un reclamo turístico, un encanto que se deja traslucir entre sus paredes, adornadas de cacerolas y cuadros y que nos ocultan en el rico mundo casi misterioso de la Zambra flamenca. Tradiciones ancestrales, mitos y leyendas, alma y pasión que se transmiten de las cuedas de una guitarra, al son de un baile flamenco hasta calar tan adentro del espectador, que se siente trasladado en el tiempo y en el espacio, casi hechizado por el entorno, para dar paso casi, a las vivencias de un rito mágico.

Tal fama alcanzaron desde hace años, que se convirtió en tiempos, en un lugar donde los famosos se ocultan para pasar una noche inolvidable. Famosas se hicieron las noches en le Sacromonte de Ava Gardner, de Ingrid Bergman o de Yul Brynner. Famoso es el Tablao de María la Canastera. Famosos sus sones y sus danzas.

Por eso, el Sacromonte nos ofrece su mejor cara de noche. Cuando nace a la vida, cuando despierta de su letargo para ofrecernos su duende. Porque de día ya nos ofrece su mirador a la Alhambra, enmarcada con Sierra Nevada, o la abadía del Sacromonte, o el Centro de Interpretación del Sacromonte.

Cerramos la noche, embriagados, al son de las palmas, al ritmo de las guitarras, al arte de unos bailes, al sentir del alma gitana encerrada en los bellos versos de García Lorca…

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados

(Romancero gitano – G.Lorca)

Información sobre el Centro de Interpretación del Sacromonte

  • Llegar al Sacromonte: autobuses líneas 31, 32 y 34

  • Horarios:

    • Invierno: martes a domingo de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h.

    • Verano: martes a domingo de 10 a 14 h. y de 17 a 21 h.

  • Precios:

    • entrada al museo etnográfico: 4 euros

    • entrada al mirador: 1 euro

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Categorias: Granada, Viajar por España



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