Las iglesias del Valle de Bohí

Autor: María José Rubín

Iglesia de San Clemente, en Taüll

Iglesia de San Clemente, en Taüll.

El Valle de Bohí (cuyo nombre oficial es La Vall de Boí, en catalán), es en realidad un conjunto de valles y sierras que forman un territorio ubicado en la región nororiental de Alta Ribagorza, una comarca de la provincia de Lérida.

En este escenario natural de profunda belleza, se construyeron numerosas iglesias en estilo románico, datadas aproximadamente en el siglo XII. Valoradas por su riqueza artística, y por la situación privilegiada en que se encuentran, estos monumentos rodeados de abruptas laderas altopirenaicas ocupan un lugar central en los pueblos que se desplegaron a su alrededor.

En total, son nueve las construcciones que conforman el conjunto conocido como Iglesias románicas catalanas de Vall del Boí, y que en el año 2000 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Las iglesias que componen el conjunto son:

• la Iglesia de San Félix, en Barruera;
• la Iglesia de San Juan de Bohí, en Bohí;
• la Iglesia de Santa María, en Tahull;
• la Iglesia de San Clemente, en Tahull;
• la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Coll;
• la Iglesia de Santa María, en Cardet;
• la Iglesia de la Natividad, en Durro;
• la Ermita de Sant Quirc, en Durro;
• y la Iglesia de Santa Eulalia, en Erill la Vall.

El estudio relacionado con estas iglesias fue una importante actividad a principios del siglo XX, cuando su arquitectura e historia despertó el interés de los estudiosos, en particular sus murales románicos.

Los orígenes de muchas de ellas permanecen aún hoy cubiertos por un velo, ya que en algunos casos no hay historia registrada y se tiene mención de las iglesias recién varios siglos después de la fecha estimada de su construcción.

Uno de los casos más emblemáticos de las iglesias románicas del Vall es la de Sant Climent (San Clemente) de Taüll, de la que se sabe que fue consagrada en 1123. El pueblo de Taüll fue un ejemplo de defensa de su patrimonio cultural cuando, a principios del siglo XX, durante el auge de los murales que guardan las iglesias, impidió que se extrajeran las pinturas para trasladarlas a un museo.

Actualmente, sin embargo, algunas cosas de esta iglesia son conservadas en instituciones públicas, por ejemplo el pantocrátor, que se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, y es considerado uno de los máximos íconos del arte románico en la región.

Foto Vía: Pyrenne

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