El recuerdo de las pirámides de Egipto

Piramides de Egipto

Todos los viajes nos dejan momentos especiales. Recuerdos imborrables e impagables que nos acompañan ya toda la vida. Hay muchos lugares en el mundo que cualquier viajero le gustaría anotar en su agenda y, como si de un sueño se tratara, intentar cumplirlo: el Taj Mahal, Iguazú, el Perito Moreno, el Macchu Pichu, recorrer el cabo de Hornos…

Pero si se hiciera una encuesta, probablemente, saldrían ganadoras las pirámides de Gizeh, en El Cairo. Y es que estar frente a ellas, es algo mágico, nostálgico, histórico… es como viajar en el tiempo y rememorar aquellos tiempos faraónicos en que Egipto dominaba el mundo. Las fotos de las pirámides de Gizeh nos desvelarán que el tiempo puede pasar, pero ellas, siempre estarán ahí, grandes, dominadoras, reinas del tiempo y el espacio. Son la única de las antiguas siete maravillas que aún se mantienen en pie, y, por eso mismo, las únicas que se han ganado por derecho propio el continuar siendo maravilla del mundo en las nuevas votaciones que se resolverán en el mes de Julio.

Y así, majestuosas, sobre la gran explanada de Gizeh de casi dos mil metros cuadrados, se levanta la necrópolis de El Cairo, donde los grandes faraones eligieron su última morada. Y cautivados por su belleza, como en su día lo hicieron grandes personajes de la Historia, como Herodoto, Diodoro o el propio Napoleón Bonaparte, avanzamos hasta ponernos a sus pies. Allí, frente a ellas, por nuestra cabeza pasan las mil y una historias, o leyendas, que han surcado los tiempos, intentando explicar el misterio de la construcción de las piramides, su perfección, el motivo, para intentar encontrar una razón a semejante grandeza.

Tres son las grandes pirámides que se levantan en Gizeh: la de Keops, la de Kefren y la de Micerinos, y junta a ésta, otras más pequeñas. Junto a la de Keops, la Esfinge, la que con su mirada enigmática ha visto los sucesos de cientos de años de Historia en tierras egipcias.

La Pirámide de Keops

Es la más grande de todas con sus 146 metros de altura, aunque hoy día sólo alcance 137 por el desgaste de la piedra. Ya ha perdido todo su revestimiento exterior, pero aún así, sigue siendo bellísima. Es tal su tamaño, que en su interior cabrían juntas la catedral de Milán, la de Londres y la Basílica del Vaticano juntas. Sobrecogidos, sólo nos queda pasar a su interior. A muchos vi volverse cuando estaban ya dentro, tal es la sensación de claustrofobia que produce, pero su visita es algo que no se puede dejar pasar; es una sensación que se lleva dentro, que no se olvida. Saberse bajo tantas toneladas de piedra; saber la Historia que encierra; conocer tantas leyendas acerca de las tumbas faraónicas, y sobre todo, esos pasillos tan estrechos, que incluso ni abrir los brazos se puede.

El pasillo principal, el que asciende hacia la cámara del Faraón, tiene 47 metros de longitud y 8 de alto, pero la estrechez hace que se convierta en una odisea pasar por allí. Es mucha la pendiente, y muchos los turistas que suben y bajan por un pasadizo tan angosto. Junto a la del Faraón, aproximadamente en el centro de la pirámide, está la de la Reina, y finalmente, en un pasadizo descendente, no sólo estrecho, sino además tan bajo que hay que pasarlo casi de rodillas, llegamos a la Cámara del Caos.

Esfinge y Piramide de Kefren

La Pirámide de Kefren

Del siglo XXVI a.C., esta pirámide es la única que mantiene su revestimiento exterior. Es mucho más simple que la de Keops, pues sólo consta de un pasadizo, el que conduce a la cámara central, donde en su día se encontró un sarcófago vació de granito negro. el misterio de esta pirámide en encuentra en la avenida interior columnada que la conduce directamente hasta la Esfinge.

La Pirámide de Micerinos

Es la más pequeña de todas, con sólo 66 metros de altura. En su interior se encontró un sarcófago de basalto, con motivos de adorno que desgraciadamente se perdió cuando el barco que lo transportaba se hundió frente a las costas portuguesas.

La Esfinge

Su nombre deriva del árabe “Abu-el-Hol”, padre del terror. Con sus 73 metros de longitud, representa a un león con cabeza humana, la cual se cree que es una representación de la cara del Faraón Kefren. Construida durante la dinastía IV, en el siglo XXVI a.C., antiguamente era conocida con el nombre de Hor-em Akhet (Horus está al Horizonte) que los griegos tradujeron a Harmakis. Con el paso del tiempo, la Esfinge se ha visto enterrada en las arenas del desierto en varias ocasiones, pero fue Tutmosis IV quien la desenterró por primera vez cuando soñó que el dios Harmakis así se lo pedía.

Recomendaciones

– Ver amanecer o atardecer junto a las pirámides es algo fascinante. Pero si lo hacemos por la tarde, acudid al espectáculo de luz y sonido que hacen junto a la Esfinge. El ambiente histórico te envuelve; te hace sentir en otra época, mientras las luces iluminan y juegan con las formas de las pirámides y la Esfinge, y una voz cuenta la historia de éstas…

– No dejéis de pasearos en camello por la explanada, y, si podéis, hablad con el camellero para que os indique cómo entrar en la pirámide, pero no por el sitio oficial, sino por una parte trasera por donde los turistas no van. Así gozaréis de la paz de encontraros allí dentro casi solos.

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Categorias: Egipto, Maravillas del Mundo, Patrimonio de la Humanidad, Viajar por Africa



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