Melilla y el cabo Tres Forcas

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Un pedacito de España en el territorio de Marruecos es Melilla, a la que se llega viajando 167 kilómetros desde Alhucemas.

Fundada por los fenicios como Russadir, en 1497 un contingente de españoles se alojó en el lugar y la aseguró con murallas adoptándola para España. Es una zona franca, que vive del comercio de manufacturas, especialmente con el Magreb y África. Hay que tener presente que por ser española tiene diferencia horaria con el resto de Marruecos.

La ciudad vieja está construida sobre un espolón rocoso dominado por el puerto. Desde las murallas se puede apreciar todo el bello paisaje desde el Cabo Tres Forcas hasta las montañas del Rif.

Dentro de la ciudad vieja, se ve la plaza de la Maestranza y el Museo Municipal que muestra monedas, ánforas y joyas antiguas de la región. Al salir hacia la derecha encontrará la Iglesia de la Concepción, del año 1657, con tres naves y una capilla dedicada a la patrona de la Ciudad: Nuestra Señora de la Victoria. Recorriendo siempre el camino de la muralla, llegará al Museo Amazighe dedicado a las artes y tradiciones musulmanas. El puerto está siempre muy concurrido, pero se puede visitar ceca del anochecer.

La ciudad nueva es del siglo XIX y fue construida con el modelo de Barcelona. Conserva algunos edificios de la época de la colonia, la plaza España y el parque de las palmeras llamado Hernández.

Cerca de la frontera está el Paseo Marítimo que se extiende por 2 kilómetros. Allí se concentran la mayor cantidad de bares y restaurantes con una alegre vida nocturna.

El cabo Tres Forcas está a 30 kilómetros al norte de Melilla, uno de esos “rincones del mundo” que todavía queda virgen y mineral. Este paraje montañoso de aguas color turquesa es el hábitat de muchísimas aves marítimas. Entre los acantilados se divisan pequeñas calas con paradisíacas playas a las que es difícil llegar por tierra, y cuando el clima es propicio se pueden ver los lechos rocosos del fondo del mar. Paseando encontrará algunos restos de actividad minera de la época del protectorado; si es un entusiasta de la minería, la mejor para explorar es la conocida como Rosita.

Está custodiada por un faro del año 1927; desde su parte más alta, la vista de los acantilados es maravillosa. Las pocas viviendas de los pescadores de techos bajos que se divisan, se confunden con el suelo pedregoso. El camino para llegar es vertiginoso pero la vista es increíble.

Foto: vía Panoramio

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Categorias: Melilla, Viajar por España



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