Bucarest, la pequeña Paris de los Carpatos

Bucarest

Es curioso, pero a la vez cierto. Siempre he leído que cada vez que mencionamos alguna capital europea, se nos viene a la cabeza un símbolo que la caracteriza. Si hablamos de Londres es el Big Ben, de París es la Torre Eiffel, de Praga el Puente de San Carlos. Pero, si alguien nos dice Bucarest… seguramente en la mayoría de los casos nos quedaremos en silencio, o bien pasaremos de largo antes de que nos descubramos como unos perfectos desconocedores de la capital rumana. Por ello mismo, hoy vamos a visitarla y descubrir que Bucarest merece estar entre esa lista de ciudades que pueden encabezar nuestro próximo destino turístico.

Bucarest se encuentra al sur de Rumanía, con 2 millones de habitantes. Su nombre se debe a un pastor rumano llamado Bucur, que en rumano significa «contento», entendiendo Bucarest como la ciudad de la alegría. Fue una ciudad muy castigada durante la Segunda Guerra Mundial, y su proceso de reconstrucción prácticamente dura hasta nuestros días.

A principios del siglo XX Bucarest era conocida como la pequeña París, por sus semejanzas con la capital francesa. Destacando sus avenidas arboladas de Kisseleff, que incluso, como la version parisina, muestran un Arco del Triunfo. O una de las avenidas más importantes de la ciudad, la Calea Victorei, lugar donde se encuentran el Museo Nacional de Historia y el Palacio de Correos. Es la zona comercial de la ciudad, que se extiende por impresionantes avenidas, todas ellas muy arboladas y con majestuosos edificios, como los de la avenida Magheru.

La arquitectura que predomina en Bucarest, amén de sus iglesias ortodoxas y los más modernos edificios de estilo comunista, es de origen francés. Ejemplo de esto que decimos es el Palacio Real, que bien lo podríamos situar en alguna de las más importantes ciudades del país galo. Hoy en día, aloja el Museo Nacional de Arte. La mezcla de estilo francés con las preciadas cúpulas bizantinas lo encontramos en los barrios más populares de la capital rumana, como en Armeneasca, Dorobanti y Carol, lugares simbólicos de la ciudad, donde pasear, con hermosos jardines y zonas arboladas, comercios y terrazas donde descansar.

El centro histórico de Bucarest es un claro contraste de todo lo anterior. La belleza y el esplendor se apagan un poco. Son edificios levantados durante la dictadura de Ceaucescu. Aquí es donde aún se mantienen las obras de reconstrucción en Bucarest, queriendo olvidar este pasado reciente que sumió a la ciudad en un ambiente telúrico. Aquí visitaremos la Casa del Pueblo, un edificio casi oscuro, que para nada tiene que ver con la suntuosidad de los edificios anteriores.

Iglesia de Stavropoleos

Hermosas callejuelas se suceden por el casco antiguo de la ciudad. Pequeñas iglesias ortodoxas, con las peculiares cúpulas bizantinas aparecen a nuestro paso. Una de las características de las iglesias ortodoxas son precisamente sus escasas dimensiones, muy al contrario de las imponentes catedrales góticas. En Bucarest no hay grandes agujas sobresaliendo de sus tejados. En ocasiones sólo gracias al paso de la gente, santiguándose al cruzar la puerta de la iglesia, nos daremos cuenta que hemos pasado por una de ellas.

Uno de los lugares inexcusables de visita son las ruinas del Palacio de Vlad Tepes, el fundador de la ciudad, cuya leyenda negra inspiró al personaje de Drácula. De allí parte el Curte Veche o Patio Viejo, la parte más antigua de la ciudad, donde se encuentra la pequeña iglesia ortodoxa de Stavropoleos, o la Iglesia Patriarcal. Y en los alrededores de Bucarest, como en su plaza central, una gran profusión de lagos y jardines, hermosas fuentes que se derraman casi por las terrazas de las cafeterías que la rodean, un lugar mágico e imborrable para los sentidos.

Un breve paseo por Bucarest, la pequeña París, para demostrar que la capital rumana también tiene su encanto particular, un lugar quizás desconocido, pero que en belleza y sugestión, puede competir con cualquier capital europea.

Cómo llegar

Bucarest dispone de dos aeropuertos internacionales. Uno de ellos es el Henri Coanda-Otopeni, situado a 16 kilómetros de la ciudad. Éste es el mayor y el más importante de la capital, operando la mayoría de las líneas aéreas. El segundo de los aeropuertos es el Aurel Vlaicu Baneasa, a ocho kilómetros de la ciudad, donde operan las principales compañías de bajo coste, y a donde seguramente llegaremos si volamos desde España, sobre todo si lo hacemos desde Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga. Desde ambos aeropuertos podemos llegar a Bucarest en taxi, aconsejándoos que pactéis antes con el taxista el precio del servicio (lo aconsejable son unos 7 u 8 euros desde el Aeropuerto Baneasa y unos 15 o 16 euros desde el Otopeni). También podéis tomar el Autobús Express 783 por un precio de 1,50 euros.

En tren podemos llegar a Bucarest procedente de sus países vecinos hasta la estación de Gara Nord. Incluso también podemos llegar a la ciudad en autobús.

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Categorias: Rumania, Viajar por Europa



Comentarios (4)

  1. viajero dice:

    Tienes toda la razón, cuando he comenzado a leer este artículo he dicho ¿Bucarest? ¿Qué hay en Bucarest que merezca la pena? Y cuando comienzo a leer pones exactamente lo que estaba pensando :) Y el caso es que sí tiene mucho que ver, pero a veces hay ciudades que quedan escondidas por no haber sido promocionadas turísticamente por sus autoridades.

  2. lady dice:

    que estupidez lo que muestran ahora en el internet educativo

  3. UN ATEO GRACIAS A DIOS dice:

    Estos viajes estan destinados a los hijos de Dios,porque todos el mundo no es hijo de Dios en la misma medida.Unos son más hijos de Dios que otros,y Él es más dios de unos que de otros

  4. maria dice:

    estos reportajes son muy buenos nos dan a conocer ciudades que aun no conocemosy que tienen una historia interesante

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