Estambul: un recorrido por la ciudad

Estambul: el Bósforo

La Perla de Oriente en Occidente. Quizás así se pueda definir Estambul. Una ciudad que divide a Europa de Asia, pero que al mismo tiempo mezcla ambas culturas y estilos. Una ciudad capaz de unir en una sola tierra el estilo de los griegos con el de los bizantinos y el éstos con los musulmanes. Estambul, una ciudad capaz de evocar en una sola imágen la gloria de Constantinopla y la magia de Oriente.

Recorrer sus calles es adentrarse en un mundo distinto al que estamos acostumbrados. Son occidentales, se sienten occidentales, pero al mismo tiempo tienen ese espíritu musulmán que tan característica hace a una ciudad. Son esos rezos al amanecer, o los primeros rayos del día sobre el mágico Estrecho del Bósforo, o esos atardeceres tan llenos de colores y olores del intenso quehacer diario de los turcos.

Qué ver en Estambul

Y qué mejor que empezar nuestro recorrido por Estambul que en la Basílica de Santa Sofía; una auténtica obra de arte; una joya arquitectónica de estilo bizantino como hay pocas en el mundo que sobrepasa incluso el ámbito de su propia fé para la que fue construida. Hoy día a esas gran mezquita no la podemos considerar ni cristiana, ni musulmana. Simplemente, es la gran Basílica de Santa Sofía, pura belleza, pura energía que recorrerá nuestro cuerpo contraido por los suaves murmullos de quien bajo la gran cúpula de 56 metros de altura, reza o busca en su interior lo que no puede darle el exterior. Es una Maravilla del hombre, y sólo por ello, le valió el convertirse en su momento en candidata a ser una de las Nuevas Maravillas del Mundo.

Y cerca de ella, la Cisterna de la Basílica. Trescientas columnas que forman un paisaje único; un lugar misterioso, casi de leyendas, surgido de la bruma de las aguas que la inundan.

Mezquita Azul interior

Interior de la Mezquita Azul

Frente a ella, a escasos metros, tenemos la otra obra emblemática de Estambul, la Mezquita Azul a cuya decoración, en azulejos, debe el color que irradia. Encargada por el sultán Ahmet I en el siglo XVII, domina el mar de Marmara que se extiende bajo la imponente figura de sus seis alminares y sus cúpulas.

Mezquita Azul en Estambul

Como obra colosal es también el Palacio de Topkapi, construido por Mehmet II en el año 1460, y que ha sido durante siglos la residencia de todos los sultanes. Es una auténtica fortaleza que se yergue en el encuentro del Bósforo y el Marmara.  Allí dentro, durante muchos años, se jugaron los destinos del mundo. Allí dentro, intramuros, los sultanes de aquel magnífico imperio otomano decidían hacia donde expandirse o cómo demostrar al mundo su poder. En una de las esquinas del palacio se encuentra una hermosa terraza, la Mecidiye Kosku, es donde se puede obtener la mejor fotografía de Estambul, la que si cerramos los ojos, siempre recordamos, la panorámica del Bósforo, y el Cuerno de Oro, y el Gálata, y las decenas de barquitas de pescadores. El ayer y el hoy de Estambul en un sólo instante de nuestra memoria.

Quizás después de tanta maravilla arquitectónica nos apetezca un momento de ocio; de disfrutar de las pequeñas tiendecitas, de las compras y de los objetos típicos de Turquía. Y qué mejor sitio que el Gran Bazar, un gran mercado cubierto de bóvedas espectaculares, lleno de puestos ambulantes y fijos de todo tipo de productos típicos que convierten al bazar en un auténtico laberinto de callejas donde es fácil de perderse. Data del año 1660, y no habrá detalle que no merezca la pena ver, os lo aseguro. Introduciros ahí y vivid lo que es la misma esencia de Estambul. Y para finalizar en la zona, nada mejor que meternos en las callejas traseras para ir a uno de los famosos cafés turcos que tanto abundan en el Gran Bazar.

Gran Bazar

Rezando en el Gran Bazar

A veces el paseo por Estambul nos parecerá un paseo por la Historia, por el tiempo; recordaremos con poco esfuerzo aquellos tiempos de grandeza de Constantinopla; aquellos siglos de poderío del imperio otomano; su grandeza y ese halo oriental que tanto miedo causaba más allá de sus fronteras. Y ese recuerdo se hace sólido en la Mezquita de Solimán, el lugar donde precisamente se encuentran los restos del gran Solimán el Magnífico. Un edificio colosal, una bellísima obra de arte que se diseñó a mediados del siglo XVI y que en su interior resulta gigantesca, pero cuya belleza máxima está en la clásica fotografía que dibuja el templo frente al famoso Cuerno de Oro, el brazo de mar que termina desembocando en el Estrecho del Bósforo.

Y para llegar hasta la Mezquita de Solimán, desde la zona de la Basílica, la Mezquita Azul y el Palacio de Topkapi, lo más típico es hacerlo por el barrio de Fenery por el de Balat, junto a la ribera del Cuerno de Oro. Callejas muy populares, la vida misma de Estambul, con los niños por las calles adoquinadas, o sus balcones tan típicos.

Podemos visitar en la teóricamente zona europea muchas mas mezquitas que se esconden por las calles, y muchos más lugares típicos, con los Baños de Cagaloglu, la mezquita de Rüstem Pasá o la de Eyüp, pero nos llega el momento de cruzar el Puente de Gálata o coger alguno de los barquitos que nos harán un circuito por el Bósforo para admirar la parte más occidental, justo en la parte oriental.

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Categorias: Turquia, Viajar por Europa



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