Paris: bajo la sombra de la Torre Eiffel

Torre Eiffel

Dulces lágrimas que alcanzan mi mirada

susurro que se escapa de mis labios

con la forma de tu nombre

perdida entre sus calles, presa del amor

Ciudad de enamorados

reír la vida, beber tu agua

oír tus chanzas, oler tu aroma

ciudad romántica, ciudad perenne

Cae la tarde, cae mi noche

París en su torre enciende las luces

susurro tu nombre… allí estás

tu mirada, mi mirada, tus labios, mis labios

París, Eiffel, ciudad del amor…

(Javier Gómez)

Quizás sea un tópico. Quizás nombrar a París la “ciudad del amor” sea excesivo habiendo tantas ciudades y países en el mundo tan bellos o más, pero esta ciudad encierra en sus calles una grandeza única. Es puro romanticismo; es pura belleza; es pura vida que navega a lo largo de su corazón, el Sena. Notre Dame, Les Invalides, el barrio latino, la Sacre Coeur, las cenas en barco con velas por el río… Y admirándola, y dándole lumbre y calor y cobijo, la Torre Eiffel, su mayor símbolo.

Quizás no salga entre las nuevas siete maravillas del Mundo, pero la Torre Eiffel ya se ha ganado un pequeño hueco en ese cansado corazón de la Tierra, porque su silueta sólo nos puede traer alegría y cariño. Porque si cerramos los ojos y la recordamos, la Torre Eiffel sólo nos traerá sentimientos muy especiales…

Gustave Eiffel inauguró a finales del siglo XIX, el 31 de agosto de 1889, su obra más emblemática con motivo de la Exposición Universal. Pero tan extraña resultó para la época que a punto estuvo de ser desmontada por el rechazo de la población parisina. Le encontraron un nuevo uso, y en su punta colocaron antenas que evitaron que la Torre fuera derribada. Con 324 metros se convirtió en el edificio más alto del mundo, aunque luego el Empire State la desbancara.

Notre Dame y el Puente de los Candados

Notre Dame y el Puente de los Candados

La Torre Eiffel, la mayor fuente de inspiración de poetas, de pintores y de escritores, también lo ha sido, desgraciadamente de quienes han deseado tener un final trágico, pues bastantes suicidios se han producido en ella. E incluso, la han utilizado como campo de experimentos extraños, para los que desde ella se lanzan en paracaídas, para los que la escalan, o, incluso, para los que la han intentado bajar en bicicleta. Un caso curioso fue el de un sastre que para probar un traje con alas se lanzó desde arriba al vacío… desgraciadamente murió antes de estrellarse en el suelo de un infarto.

Quince centímetros más alta los días de calor, diez mil cien toneladas de peso y tres pisos de altura, que encierran desde museos históricos como el de la primera planta, a 57 metros del suelo, hasta restaurantes como Altitude (también en la primera planta), o el Julio Verne en la segunda planta, a 115 metros del suelo. La máxima altura a la que se puede subir es a 257 metros. 1652 escalones en total, aunque andando sólo se pude subir hasta la segunda planta, pues a la tercera sólo podemos hacerlo con el ascensor.

Vista de la Torre Eiffel

Pero estar en París conlleva subir hasta su cúpula, porque las vistas desde allí arriba son espectaculares, con la Plaza del Trocadero y sus fuentes, la Avenida de los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo a su alrededor.

París, ciudad de la luz… ¡¡ contemplad su cara más brillante: la Torre Eiffel !!

Para saber más sobre la capital francesa…

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Categorias: Francia, Viajar por Europa



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Comentarios (2)

  1. rhëo dice:

    ¿Y quién no se ha enamorado de París? Alguno habrá, no lo dudo, pero pocas cosas en el mundo llegan a enternecer tanto como un atardecer visto desde el Trocadéro, con la fascinante silueta (que no sé por qué, pero transmite un bienestar increíble vista incluso en fotografías)de la Torre Eiffel, y más tarde, su iluminado progresivo. Y digo progresivo porque tuve la suerte de volver en 2009, el año de su 120ª aniversario, y los efectos luminosos por la nocher eran realmente espectaculares. Si a eso le sumas, esa misma noche, el paseo en los Bateaux-Mouche, te puedes morir ya.

  2. Javier dice:

    Te doy toda la razón del mundo, Rheo. Tuve la oportunidad hace muy poquito de hacer justo eso que dices: verla iluminándose despúes de subir a ella, y luego dar un paseo por el Sena en los Bateux Mouche

    Sinceramente. Me quedé con ganas de más, y ahora estoy deseando volver para disfrutarla mejor.

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