Peterhof, la residencia de los zares en San Petersburgo

Palacio Peterhof en San Peterbusgo

Situada en las afueras de San Petersburgo, a unos 30 km, se encuentra la Residencia de Verano de Peterhof, una de las más sublimes obras de arquitectura del mundo. La residencia fue construida por mandato de Pedro I entre el año 1714 y el 1721, con el objetivo de crear un palacio equiparable o incluso más hermoso que el de Versalles.

El diseño original del Peterhof fue obra de tres arquitectos diferentes llamados Shluter, Le Blond y Mikett, aunque con el paso de los años, otros zares efectuaron obras y reformas en el palacio. Por ejemplo, las alas laterales le fueron agregadas por Isabel I, mientras que la decoración del interior en estilo neoclásico se la debemos a Catalina II, quien también se encargó de reformar el salón del trono, sobre el cual reposa un cuadro de Catalina montando a caballo. Parte del diseño original aun puede ser contemplado, como es el caso de las escaleras principales o el opulento salón de baile que conecta con ellas.

Palacio Peterhof en San Peterbusgo

Escaleras principales del Palacio Peterhof

En cuanto a los alrededores del palacio, lo rodean unos hermosos jardines profusamente adornados de estatuas, fuentes y cascadas, entre las que destaca la Cascada Grande, cuyo diseño se atribuye directamente al zar Pedro el Grande. Como su propio nombre indica, se trata de una de las más impresionantes construcciones de Rusia, un sendero flanqueado por escaleras de cascadas, todo un espectáculo para los sentidos.

Palacio Peterhof en San Peterbusgo

Cascadas y fuentes en Peterhof

En el jardín hay repartidas unas 37 estatuas forjadas en bronce, así como más de 60 fuentes, cuya agua termina desembocando en un canal que llega hasta el golfo de Finlandia. Como homenaje al 25 aniversario de la victoria en la batalla de Poltava, se erigió una estatua de Sansón venciendo al león, que además funciona como fuente.

Palacio Peterhof en San Peterbusgo

Vista de los jardínes de Peterhof

El Palacio sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial, quedando parcialmente destruidas la Cascada Grande y algunos pasajes subterráneos, además de que fueron robadas un gran número de estatuas del jardín. Las obras de restauración del palacio dieron comienzo apenas terminó la guerra. Hoy en día vuelve a poseer todo su esplendor original, y se ha convertido en una excursión que no puede faltar en una visita a San Petersburgo.

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Categorias: Rusia, Viajar por Europa



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