Karlovy Vary, fuentes imperiales

Lugares con Historia: Karlovy Vary

Sonó un disparo, luego otro, y otro. El pobre ciervo, acorralado, huía. Corría lo más que podía intentando escapar de una muerte cierta. Pero quiso la mala suerte que no avistara un manantial al que en su loca carrera cayó desde un promontorio. Los soldados del emperador, presentes en la cacería, intentaron capturarlo cuando repararon en que las aguas estaban calientes. Informaron rápidamente al emperador y éste, extenuado como estaba, y herido de tantas batallas en las que su Imperio se veía envuelto en una época tan convulsa, decidió introducirse en ellas. Decidido, se introdujo en las aguas termales, y al poco, sus heridas mejoraron y su cuerpo descansó.

Aún hoy, el monumento levantado en honor a aquel ciervo conmemora el descubrimiento de las fuentes termales de Karlovy Vary, que precisamente deben su nombre de Carlsbad (termas de Carlos) a aquel personaje, Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio (1316-1378).

Fue el propio Carlos IV el que le otorgó en el año 1370 el título de ciudad a un asentamiento que se ubicaba en la confluencia de los ríos Ohre y Teplá, aunque hasta cuatro veces hubo de ser refundada por causas naturales. Y es que en 1583, Carlsbad o Karlovy Vary, sufrió una terrible inundación, y pocos años después, en 1604 un incendio del que sólo quedaron en pie tres edificios. Poco después, sobrevendría la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), y no fue sino hasta un siglo después, que Karlovy Vary pudo presumir de su disposición termal y de balneario.

Hubieron de ser polacos y rusos los que le dieran fama mundial, pues a principios del siglo XVIII se convirtió en un centro de peregrinaje para las cortes de Polonia y Rusia que buscaban en sus aguas una cura. La aristocracia comenzó a reunirse aquí, y tanto Pedro I el Grande, como la emperatriz de Austria María Teresa, reposaban aquí con frecuencia. Fueron 50 años de éxito y fama que acabaron en 1759 cuando otro gran incendio volvió a asolar la ciudad. De aquella Carlsbad barroca, apenas quedó nada en pie.

Su nueva fundación la hizo aún más grande y elegante. Se edificaron centros de lujo, balnearios, se derribaron las murallas e incluso se creó un teatro, el Bohemian Hall. Aquello fomentó que no sólo la aristocracia volviera al lugar, sino que acabaría por reunir a los grandes de la cultura del siglo. Tras la Revolución Francesa, su afluencia turística se extendió más allá del sector aristocrático y Karlovy Vary vivió su época más brillante. Allí se reunían grandes de Europa como Goethe, Beethoven o Wagner, entre otros muchos.

A mediados del siglo XIX, Moser instaló su fábrica de cristal y en poco tiempo, además, Carlsbad, se convirtió en el más famoso lugar de fabricación del lujoso cristal de Bohemia. Nadie podía parar su crecimiento, que incluso se vio potenciado cuando se construyó la primera línea de tren que unía Praga con Karlovy Vary…

Pero no todo dura eternamente, y el convulso siglo XX significó el comienzo de la decadencia para esta lujosa ciudad-balneario. La Primera Guerra Mundial supuso el fin de la afluencia de gentes al balneario, no sólo por encontrarse en el mismo corazón del entente, sino por la gran penuria económica de principios del siglo XX. Acabada la guerra, y extinguido el Imperio Austro-Húngaro, Carlsbad se vio inmersa en la disputa por su posesión. Durante veinte años, checos y alemanes se pelearon por tenerla dentro de sus fronteras, e incluso, llegó a crearse la provincia autónoma de Deutsch-Böhem.

La Segunda Guerra Mundial trajo la anexión de la ciudad al III Reich, sin embargo, la abandonaron a su suerte. Al acabar la Guerra, y en presencia de los norteamericanos, el Ejército Rojo hizo su entrada en Karlovy Vary, aunque gracias al Tratado de Postdam, Checoslovaquia se hizo cargo de su gobierno.  Con el ideal comunista, los grandes edificios cayeron en el abandono, se construyeron viviendas sociales y los balnearios se nacionalizaron.

Poco a poco, y a medida que se liberalizaban las ideas y nos acercábamos a las últimas décadas, el mercado occidental comenzó a aparecer nuevamente, y tras la escisión en 1993 en la República Checa y Eslovaquia, la ciudad quedó bajo el gobierno de la primera.

Hoy día, Karlovy Vary es una ciudad balneario que sigue viviendo de sus recursos naturales, de la hidroterapia, y de los modernos Spa y centros de thalasoterapia que se han edificado en ella. Ahora, Karlovy Vary, situada a apenas 100 kms. de Praga, se ha convertido en la segunda ciudad más visitada de la República Checa y en uno de los balnearios más famosos del mundo.

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