Cork, la ciudad de la mantequilla

Hoy vamos a visitar Cork, una de esas encantadoras ciudades irlandesas donde todo tiene muy fácil acceso, ideal para aquellos amantes del paseo por calles estrechas, calles que suben y bajan, con pequeñas tiendas a nuestro alrededor, bares, cafeterías, música celta. Una ciudad rodeada de colinas, atravesada por numerosos ríos y afluentes, el más importante de todos el río Lee. Una ciudad, en definitiva, especial.

Cork es la segunda ciudad más importante de Irlanda tras Dublín. Con casi 120.000 habitantes, numerosos canales se adentran en la ciudad embelleciéndola. Vamos a ir recorriendo uno a uno los lugares más importantes de esta ciudad irlandesa, para que tengáis una pequeña impresión de lo que no debéis perderos en la ciudad.

Cork

Sin duda, uno de los monumentos más importantes y simbólicos de Cork es el Castillo de Blarney, a las afueras de la ciudad. Se encuentra situado en un magnífico parque al que podemos acceder con facilidad a través de autobús o en taxi. Construido en 1400, llegaron a vivir en él personajes influyentes de Gran Bretaña, como la Reina Isabel I, o el General Cromwell. Cuenta la leyenda que si besas una de las piedras del Castillo de Blarney, que se encuentra en su interior, conseguirás el don de la elocuencia. Algunos dicen que esa piedra sirvió de almohada de Jacob, traída hasta Irlanda por el profeta Jeremías. Otros dicen que es una piedra traída a Irlanda después de las Cruzadas, pero que en su origen fue la piedra tras la cual se escondió el Rey David para huir de Saúl. Leyendas aparte, es sin duda el lugar más visitado del Castillo de Blarney.

Ya dentro de la ciudad visitaremos la Iglesia de Santa Ana, y en especial, su campanario, donde las vistas de la ciudad son impresionantes. En dicho campanario se halla el símbolo de la ciudad: una veleta dorada con la figura de un salmón. Desde allí podremos oir las melodías que emiten las campanas a cualquier hora del día, otro de los alicientes de la ciudad.

Pasaremos al Muelle del Carbón que durante siglos viene siendo la zona comercial de la ciudad. Pequeñas tiendas a las orillas del río, donde predomina el típico mantón negro con el que se visten las mujeres de Cork, el conocido como Shawlies. En estos puestos al aire libre podremos encontrar de todo, desde alimentos a instrumentos musicales, prendas de vestir de segunda mano, muebles, alfombras. Los mejores días para ir son los viernes y los sábados.

Muy cerquita de aquí, también cerca del muelle, llegaremos al Mercado inglés, un típico mercado victoriano del siglo XIX, donde antiguamente sólo podían comprar los colonos ingleses, mientras los nativos irlandeses se abastecían en otros puestos. Aquí podremos encontrar quesos franceses, pasta italiana, las aceitunas con especias indias, carnes, pescado, mantequilla. Es un lugar muy bonito, con una fuente en su centro, y todo muy ajardinado. No parece un mercado de abastos al más puro estilo español que digamos…

Calle de Cork

En la Universidad de Cork visitaremos las famosas Piedras Ogham. Estas piedras, de casi 2 metros, muestran una especie de texto, filas alineadas en diferentes secuencias solamente en una cara de la piedra, en un idioma todavía incomprendido. Las piedras están alineadas en un corredor a la entrada de la Universidad conocido como el Pasillo de las Piedras, y son una visita inexcusable para conocer la prehistoria irlandesa.

Una visita curiosa es la que hacemos al Museo de la Mantequilla. Desde el siglo XVIII, Cork es conocida como la ciudad de la mantequilla, exportándola desde aquí a todas las partes del mundo. Las tierras de este rincón son especialmente ricas para la producción de la mantequilla. En este Museo podemos descubrir la historia de uno de los mayores mercados de los siglos pasados en Gran Bretaña, cómo realizan en Cork la mantequilla, instrumentación, etc… Y podréis degustar todos los tipos de mantequilla que se fabrican por aquí.

Si os gusta la cerveza, en Cork existen dos fábricas de cerveza negra, la Beamish y la Murphys. Esto supone que en Cork haya gran cantidad de tabernas al más puro estilo irlandés donde la estrella de la casa sea cualquiera de estas dos cervezas negras, o cualquier otra que queramos probar. Sobre todo se distribuyen a través de la Calle Oliver Plunkett. El sabor de las cervezas negras en los bares de esta zona es único en el mundo. Y todo viene, como en casi cualquier cerveza, de la forma que los taberneros tienen de tirar la cerveza. Hay algunas de ellas a la que le dedican incluso varios minutos en llenar la pinta. Es todo un espectáculo.

Y terminaremos nuestra visita en la Cárcel Vieja de la ciudad, un lugar que os dejará sin aliento. Es la antigua cárcel de Cork que se ha conservado intacta desde el siglo XIX. Enormes y lúgubres pasillos, escaleras de hierro, ventanas enrejadas, los graffiti auténticos de los presos que ocuparon sus celdas, incluso, si observamos con detenimiento, podremos observar las marcas que los presos dejaban en los muros para saber el día y el mes en el que estaban. Muchos miles de presos fueron trasladados aquí para ser deportados en barco a América y Australia. Y como en todas las cárceles viejas, el fantasma de alguno de los condenados sigue paseándose como alma en pena por sus pasillos.

Cómo llegar

El Aeropuerto Internacional de Cork se encuentra a 6 kilómetros de la ciudad. Desde el aeropuerto podemos tomar los Bus Eireann para llegar al centro de Cork, con una frecuencia que va desde la mañana bien temprano hasta la noche.

Cork también ofrece la posibilidad de llegar en barco hasta ella, con la compañía Brittany Ferries, que una vez a la semana une los puertos de Cork y el puerto de Roscoff en Francia. El viaje dura unas 14 horas, y al llegar al puerto de Cork , un autobús nos enlaza con el centro de la ciudad.

La principal estación de tren de Cork es la Kent Station, muy bien comunicada con todas las grandes ciudades de Irlanda.

Si os decidís por el coche, Cork se encuentra a 253 kilómetros al suroeste de Dublín, y están unidas por la carretera N-8

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Categorias: Irlanda, Viajar por Europa



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