Canterbury, ciudad de cuentos e historias

“Nunca se interpondrá nadie entre mi Iglesia y yo. No huiré, y quien me busque, me encontrará en la Catedral”

Fueron las palabras que Thomas Becket pronunció antes de encaminarse hacia la Catedral de Canterbury. Corría el año 1170, el 29 de diciembre, plena Navidad. Becket, arzobispo de uno de los prelados históricamente más importantes del Reino Unido, se encontró en su interior con sus cuatro asesinos, cuatro caballeros que espadas en manos lo golpearon y atravesaron repetidamente hasta morir. Tres años más tarde, Becket, que pasó los últimos años de su vida luchando por la separación de la iglesia de la Corona inglesa y por los principios espirituales en los que creía, fue canonizado por la Iglesia Católica y el propio rey que mandó matarlo, Enrique II, hubo de ceder en sus pretensiones y ceder a la Iglesia Católica los derechos largamente reclamados.

Canterbury St Margaret Street

Desde entonces Thomas Beckett y su ciudad, Canterbury, han simbolizado siempre la separación de la Iglesia de Inglaterra y de la Corona inglesa, tanto, que en plenas revueltas religiosas, siglos después, durante el reinado de Enrique VIII, éste mandó desenterrar al santo mártir, quemar sus restos, meterlos en un cañón y dispararlos al viento para que se perdieran para siempre.

Pero aún así, desde el siglo XII en que murió, Canterbury ha sido lugar de peregrinación para todos los creyentes, y aquel lugar donde un día cayera muerto Beckett, en la catedral, uno de los lugares más visitados del país.

Canterbury encierra mucha historia en sus calles medievales y en sus monumentos, tanto que la propia ciudad se envuelve de un velo de cuentos, historias y leyendas que dibujan perfectamente la impresión que tienen de la ciudad quienes la visitan. Quizás también aderezada por los famosos “Cuentos de Canterbury” de Geoffrey Chaucer, o bien por el romanticismo de una época de grandeza artística religiosa que mucho nos acerca a aquella genial historia escrita por Ken Follett en sus Pilares de la Tierra, lo cierto es que Canterbury es una de las ciudades de Inglaterra con más encanto y que yo más recomendaría visitar.

Canterbury calles

La ciudad se encuentra en el condado de Kent, a apenas 100 kms. al este de Londres, de modo que si vais por la capital inglesa os recomiendo que cojáis un tren y os acerquéis un día allí. Y es que lejos del ambiente universitario que hoy día tiene (la ciudad duplica su población de 40 a 80.000 habitantes en época de estudios), Canterbury encierra el encanto de una antigua ciudad medieval.

St. Margaret Street es la calle que cruza todo el casco antiguo y nos conducirá a los principales puntos de la ciudad; una calle adoquinada con edificios históricos, pubs muy antiguos y ese especial encanto que le dan las casas con ventanas voladizas; con cristales enmarcados en madera; con casas multicolores y esos enrejados que anuncian los distintos negocios que se extienden por la calle. High Street, Cobblestone, Mercery… calles todas ellas de una antigüedad exquisita y encantadora, como la calle St. Peter, a orillas del río Stour, donde se alzan las antiguas Casas de los Tejedores, casas de humildes familias que para aparentar construían sus fachadas ricamente. Fueron precisamente los hugonotes, los propietarios de estas casas, quienes levantaron económicamente de nuevo a Canterbury.

Toda la Historia de Canterbury puede verse en sus variados museos, como el de Historia, como la Galería de Arte o como el Museo Romano, pero cómo no, también en el de Geoffrey Chaucer, en el que se reproducen algunos de sus famosos “Cuentos de Canterbury” con fieles representaciones de las calles y casas de aquella época.

Catedral de Canterbury

Y, por supuesto, la visita más esperada, la más importante: la Catedral de Canterbury, lugar de tantas historias eclesiásticas; lugar donde un día se escribió la Historia del catolicismo y fue centro del mundo. Dentro nos envolvemos de ese halo de misticismo que conlleva la figura de Thomas Beckett; contenemos la respiración, y recordamos su trágica historia; observamos fijamente aquel lugar donde un día fuera asesinado y, por un momento nos olvidamos de cuantos turistas nos rodean. Absortos, recorremos con nuestra mirada el majestuoso interior de la iglesia y vemos su cripta normanda, su coro, el altar mayor o el rico trono de St. Augustine donde siempre se han nombrado a los arzobispos de Canterbury. Es Historia… Pura Historia cincelada en cada piedra de aquella catedral.

Y fuera, frente a la más querida fachada de la misma donde grabada en piedra se describe la historia de amor entre Catalina de Aragón y Arturo, príncipe de Gales muerto prematuramente, antes de que aquélla acabara casándose siendo aún virgen y en segundas nupcias con Enrique VIII, nos recogemos para descansar en la Plaza Christ Church Gate, quizás la más popular y querida, para sentados, recordar una última historia de amor… la de todos los habitantes de Canterbury hacia su catedral, capaces de irse hacia las torres de la iglesia, en medio de un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, para echar fuera las bombas que caían antes de que éstas pudieran explotar y derribar su monumento más querido.

Son tantas las sensaciones que se perciben en su casco antiguo que el resto de la visita llega a parecer hasta superficial, como pasear en barca por los canales que le rodean y ver la silla de madera que, en uno de esos canales, se erigió para poner en ella a las brujas. Esa silla se introducía bajo el agua un tiempo; si morían, es que eran inocentes, pero si vivían y aún respiraban al sacarlas se las consideraba brujas, y entonces las mataban. Más Historia.

Pero no hay nada más bonito que despedirse de una ciudad así en la lejanía, observándola tranquilamente, sonriéndola, y ningún mejor sitio que la Torre de la Westgate, la puerta de la muralla que, en alto, nos permitirá echar ese último vistazo a Canterbury y lanzarle al aire un cálido… “hasta siempre”.

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Categorias: Reino Unido, Viajar por Europa



Comentarios (1)

  1. Adellunar Marge dice:

    Vale a pena visitar Canterbury ou Cantuária, como dizem os portugueses. A Catedral é fantástica,a cidade encanta qualquer um e o povo é sempre amável e educado para com os turistas.

    Adellunar Marge

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