El Estrecho de Mildford en Nueva Zelanda

Los australianos aseguran, y con toda la razón del mundo, no vamos a negársela, que la Gran Barrera de Arrecifes es la octava maravilla del mundo. Pero, para Rudyard Kipling y para la mayoría de los neozelandeses, el estrecho de Milford, en el Parque Nacional de Fiordland, es la auténtica octava maravilla. Y también podemos decir sin ningún género de dudas que no les falta razón. Si no conocéis este lugar, ya es hora de que vengáis virtualmente con nosotros y comprobéis por vosotros mismos que no os mienten nuestros protagonistas de hoy.

Estrecho de Mildford

Estrecho de Mildford

Los neozelandeses, a los que no les molesta que les llamemos kiwis, discrepan con los australianos. Para ellos Milford es la primera o como mucho la segunda maravilla del mundo. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es de que es el más famoso de la docena de grandiosos fiordos que conforman el majestuoso e idílico Parque Natural de la Tierra de los Fiordos, en la costa suroeste de la isla Sur.

La entrada al fiordo, de 15 kilómetros de longitud, está cercada por escarpados acantilados de granito que llegan a medir 1200 metros de altura, con bellísimas cataratas precipitándose desde la cresta de las montañas. Los juguetones delfines, los osos marinos y las gaviotas consideran este lugar como su hogar, y los pingüinos de Nueva Zelanda anidan aquí en octubre y noviembre antes de marcharse a la Antártida.

El pico Mitre es el centro de este hábitat, un pináculo de 1695 metros de altura, cuyo reflejo en las aguas tranquilas como un espejo es una de las imágenes más fotografiadas del Pacífico. Las excursiones aéreas son una opción excelente para captar la belleza de este lugar. Además hay barcos saliendo casi todo el tiempo para realizar cruceros de dos horas a través de este estrecho de sosegada belleza.

En tierra firme, la ruta senderista de Milford es una de las mejores del mundo. Se trata de una excursión a pie de 50 kilómetros de longitud que los senderistas más entregados de todo el mundo sueñan con recorrer pese a las moscas, que aquí son curiosamente abundantes, la lluvia que no deja de caer, aunque no torrencialmente en ningún momento, y el agotador camino, que requiere de tanta atención como los espectaculares paisajes. Ah, por cierto, no os perdáis tampoco la carretera que une Te Anau y el estrecho Milford, 120 kilómetros con bellas vistas conocidas como Milford Road.

Estrecho de Doubtful

Estrecho de Doubtful

Para adentrarnos más en el Parque Nacional de la Tierra de los Fiordos necesitaremos hasta cuatro medios de transporte, siendo el último de ellos el barco que nos llevará hasta el estrecho de Doubtful, el más profundo y uno de los más bellos fiordos neozelandeses. Cuando se apaguen los motores del barco, os veréis rodeados por siglos de silencio en uno de los lugares más remotos y mágicos del planeta, ideal para aquellos que os encante el exotismo y un viaje para perderos de veras. Ni siquiera el legendario Capitán Cook estaba seguro de que estas aguas fueran un estrecho, y de ahí su nombre, que en inglés significa dubitativo.

Doubtful es diez veces más grande que Milford, pero mucho menos conocido. Es por ello que mantiene un componente de misterio y está vedado a esas excursiones aéreas y en barco que pueden echar a perder una visita a Milford. Aquí sólo llegan dos barcos, cada uno en un extremo y fuera de la línea de visión del otro, lo que os permitirá soñar con que os encontráis solos en este exquisito rincón de naturaleza completamente virgen.

Eso sí, llueve bastante, pero incluso los días húmedos tienen su belleza, pues surgen espontáneamente cataratas como salidas de ninguna parte, cuyo sonido queda oculto bajo un manto de bruma y misterio. Realmente, no sé cuánto tiempo más vais a esperar para descubrir esta maravilla…

Tenéis que tener en cuenta que, al estar Nueva Zelanda en el hemisferio sur, la primavera comienza en septiembre, y que los mejores meses para viajar hasta Milford son diciembre, enero y febrero, cuando la climatología permite realizar actividades al aire libre. De todas formas, las temperaturas no son muy altas, y de noche, en verano, hay que abrigarse.

Cómo llegar

Este es quizás uno de los pocos inconvenientes del viaje. Para viajar hasta Nueva Zelanda deberemos hacer escalas, con lo que el vuelo nos demorará unas 20-24 horas. Nuestro aeropuerto será el de Christchurch, y desde allí los vuelos para el Parque Nacional de Fiordland son abundantes, pues es uno de los lugares más visitados del país.

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Categorias: Nueva Zelanda, Parques, Viajar por Oceanía



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