Trento, un lugar para un Concilio

Piazza del Duomo en Trento

Piazza del Duomo en Trento

Lugares con Historia: Trento

Europa y el catolicismo estaban convulsionados en el siglo XV. Ya incluso antes de las tesis de Lutero, había movimientos independientes en España e Italia que luchaban por la renovación de la Iglesia Católica. A lo largo de ese siglo, por toda Italia surgieron asociaciones de laicos dedicadas a fines de Caridad unidos a la fe en Dios. De esta instituciones surgieron posteriores ordenes religiosas en el siglo XVI que buscaban la reforma mediante el cumplimiento de los deberes eclesiásticos.

La reforma de la Iglesia había comenzado, en sus gérmenes, incluso antes de Lutero y del Cisma. Poco tardaría en aparecer la Compañía de Jesús, quizás la orden monacal que más lucharía por esa reforma de la Iglesia que luego se trató durante el Concilio de Trento.

En mayo de 1542, el papa Paulo III acabaría convocando el Concilio de Trento, con el apoyo del emperador Carlos V. Sin embargo, apenas un año después, en septiembre de 1543 hubo de ser suspendida nuevamente por las guerras. Finalmente, tras convocarse de nuevo en el año 1544, fue en diciembre de 1545 cuando volvieron a reunirse para tratar los problemas de la Iglesia Católica y su enfrentamiento con el protestantismo. Si bien aquel Concilio sirvió para reafirmar la fe católica mediante el reconocimiento de la bondad humana y de las Sagradas Escrituras, también y como punto importante, consiguió erradicar los abusos que tanto se le estaban achacando desde la Baja Edad Media. A pesar de que poco después sería trasladada su sede a Bolonia, el Concilio de Trento se mantuvo activo hasta el año 1564, cuando se clausuró.

Toda esa historia pasó por mi mente cuando me encontraba tranquilamente sentado en una de las terrazas de un pequeño barecito que hay bajo un soportal de la Piazza del Duomo en Trento, un bello pueblecito capital de la región del Trentino, al Noreste de Italia.

Vistas desde Trento

vistas desde Trento

La región puede recorrerse por carretera a través del Paso Brenner, entre bellísimos paisajes que poco a poco nos van acercando a los Alpes y que dejan al sureste a los Dolomitas, que sigue el curso del río Adigio y que nos conduce desde Verona, donde comenzamos la ruta, hasta Innsbruck, ya en Austria, pasando por Bolzano y Bresanonne, entre otras.

Trento es su capital, y un sitio tranquilo y acogedor. Muy silencioso y cuya principal baza turística son los paisajes que la rodean y su plaza central. En ésta se levanta el Duomo, donde se celebraron las primeras reuniones de aquel Concilio de Trento. Esta iglesia es de estilo románico, del siglo XIII, aunque no se concluyó hasta el año 1515.

Duomo de Trento

Duomo de Trento

En la misma plaza, junto al Duomo, se levanta el monumento más simbólico de Trento: el Palazzo Pretorio, un gran castillo también del siglo XIII, en cuya parte sur está el Magno Palazzo construido para los que fueron obispos/príncipes, a modo de regalo del Sacro Imperio Romano por mantener su lealtad. De este palacio es la Torre dell’Aquila con frescos del año 1400.

Lo cierto es que ver Trento no nos llevará más de medio día, o un día, a lo sumo, si queremos visitar el Museo Provinciale que está en el mismo Palazzo, pero desde luego, es una parada obligada si pensáis cruzar los Alpes a través del paso Brenner.

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Categorias: Italia, Lugares con Historia, Viajar por Europa



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