Fátima, el espíritu del silencio

Los pastorcillos de Fatima

Era una mañana fría, a pesar del tímido sol que se vislumbraba tras las nubes. Aquel 13 de mayo de 1917, en el distrito de Santarém, en Portugal, iba a gestarse una de las historias más conmovedoras que se conocen. En la Cova de Ina, o gruta de Irene, tres niños de unos diez años, Lucía dos Santos y sus primos, los hermanos Francisco y Jacinta Martos, pastoreaban un rebaño de ovejas. De repente, en un matorral, una voz habla… Los niños se miran unos a otros. Allí no había nadie. No obstante, con la fugacidad de un relámpago, creen ver la figura de la Virgen María. Su voz dulce y azulada les confía un secreto: la guerra en la cual Portugal acaba de comprometerse con los Aliados, y les vuelve a citar para el 13 de junio. Ese día, muchos lugareños acuden para oir de nuevo la voz de la Virgen, que les cita nuevamente para el 13 de julio.

Y así sucesivamente, creando un lugar de culto. La Iglesia actúa rápidamente y el 13 de octubre, en una nueva cita de la Virgen, numerosos sacerdotes acompañan a los ciudadanos a la gruta. Unos setenta mil parroquianos son testigos del momento: en medio de una lluvia intensa, un enorme sol abierto en el cielo anuncia con voz potente que el gran secreto será revelado en menos de un mes. Los sacerdotes allí reunidos claman ante lo que les parece una importura. Pero, quince días más tarde, estalla en Leningrado la Revolución Rusa, el secreto predecido por la Virgen.

Los niños habían sido encarcelados por sus supuestas injurias. Francisco y Jacinta morirían en 1919 y 1920 respectivamente. Lucía, la madre Lucía, ingresa en el convento carmelita de Coimbra.

Hasta 1930 el obispo de Leiria no dio su autorización para celebrar el culto a la Virgen de Fátima, donde en 1928 se había emprendido ya la construcción de una inmensa basílica, en el mismo lugar exacto de las apariciones marianas. Esta enorme basílica fue por fin consagrada el 7 de octubre de 1953. Sus 15 altares representan los 15 misterios del Rosario. El cuadro del Altar Mayor representa el mensaje de Nuestra Señora, con el Obispo de la diócesis de rodillas, al lado izquierdo, y la figura de Pío XII y los Papas Juan XXIII y Pablo VI. Las vidrieras representan escenas de las apariciones y algunas invocaciones de la Letanía de la Virgen. En los cuatro ángulos del interior de la Basílica se encuentran las estatuas de los cuatro grandes apóstoles del Rosario y de la devoción al Inmaculado Corazón de María: San Antonio María Claret, Santo Domingo de Guzmán, San Juan Eudes y San Esteban, rey de Hungría. También encontramos en la Basílica los sepulcros de los pastorcillos Francisco y Jacinta.

Bas�lica de Fátima

Frente a la Basílica se extiende una enorme explanada de 600 metros de longitud que, todos los devotos que visitan el lugar, recorren de rodillas. Cada noche, miles de personas se reúnen en esta explanada para, con sus velas encendidas, realizar el rezo del Santo Rosario, concluyendo el mismo a los pies de la Basílica, uno de los momentos más emotivos y emocionantes de la visita.

Tampoco debemos olvidar en nuestra visita a Fátima las casas donde vivieron los pastorcitos, situadas en Aljustrel, a poco más de 2 kilómetros de la Basílica de Fátima. Es un recorrido que podemos hacer perfectamente a pie, recorriendo los parajes por donde los niños solían salir con sus rebaños. El camino está jalonado de hermosas frases que nos invitan a reflexionar, mensajes alusivos a las apariciones, palabras de la Virgen dichas a los pastorcillos o textos escritos en vida por Sor Lucía, así como por 14 capillitas en memoria de la Pasión del Señor, y una decimoquinta dedicada a la Resurrección, capillas instaladas a modo de Via-Crucis para realizar el rezo del Santo Rosario. También podemos visitar, a lo largo de este camino el Museo Etnográfico, junto a la casa de Lucía; Valinhos, donde tuvo lugar la cuarta aparición de la Virgen en agosto de 1917; Loca Do Anjo, donde los niños recibieron la primera y tercera aparición de un ángel prometido en las apariciones de la Virgen, el Ángel de la Paz.

Si tenemos la oportunidad, debemos hacer nuestra visita algún día 13 de los meses comprendidos entre mayo y octubre, cuando la afluencia de público es mayor y son las fechas indicadas para las peregrinaciones y las ceremonias más importantes. Aunque si preferimos un poco de más tranquilidad, nos decidimos por otra fecha. Los 12 de cada mes, en la noche,  se realiza la famosa Procesión de las Velas, donde miles de peregrinos recorren la explanada frente a la Basílica rezando el Santo Rosario, cantando, y viviendo con intensidad la devoción religiosa.

Procesión de las Velas

Cómo llegar

Tenemos multitud de variantes para llegar hasta Fátima. Si nos encontramos en Lisboa y queremos hacer una excursión hacia este santo lugar, podemos hacerlo o bien en coche (es una distancia de 160 kilómetros aproximadamente, tomando desde la capital lisboeta la salida hacia la autopista A-1 norte hasta Tomar, situada a 90 kilómetros, desde donde tomaremos la salida Fatima N-113 durante 70 kilómetros) o bien desde la estación de tren de Lisboa, con un recorrido de hora y media hasta Fátima, a un precio de 8,70 euros.

Otro aeropuerto cercano se encuentra en la localidad de Faro. Desde allí hasta Fátima tenemos 365 kilómetros por carreteras muy bien señalizadas, en donde siempre encontraremos indicaciones hacia Santarém. Aunque desde Cáceres o Badajoz, por ejemplo, podemos realizar el recorrido, ya que la distancia es de sólo 260 kilómetros. Cruzando la frontera con Portugal, ya nos encontraremos indicaciones que nos lleven a la región de Santarém.

Aquí podéis encontrar vuestro alojamiento en Fátima o en sus alrededores.

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Categorias: Portugal, Viajar por Europa



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Comentarios (1)

  1. carmen dice:

    muy buena tu informacion,muchas gracias saludos

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