Lisboa, la luz de la nostalgia

Lisboa desde el castillo de San Jorge

Dicen de Lisboa que es la última ciudad romántica de Europa, quizás sea por esa luz ambigua que emana del Tajo, quizás sea su extraño carácter mediterráneo a orillas del océano atlántico, o esa nostalgia que se respira en sus calles, en sus cafés, esa saudade que a través del fado se expresa y revela como la verdadera esencia de la ciudad y del pueblo portugués.

Pero Lisboa es mucho más que luz y fado, y recorrerla es un placer que nos llevará por sus barrios y colinas a través de tranvías, funiculares y elevadores, que nos hará parar en sus antiguos cafés, en sus tabernas, divisar sus rincones desde los numerosos miradores o llegar a ella como la hacían los antiguos descubridores, desde el estuario del Tajo, ese río que huele a mar y que parece susurrarnos historias de tantos y tantos siglos de aventuras y desventuras.

EL BARRIO ALTO

Es la zona más nocturna y bohemia de la ciudad, donde se mezclan los restaurantes típicos con los bares de copas, las casas de fado con las tiendas de música, los talleres de artesanía con los sex-shops, toda una evocación de olores, sonidos y sabores. La mejor forma de acceder al barrio es el Elevador de Gloria, uno de de los antiguos funiculares de la ciudad que comunica la céntrica Plaza de Restauradores con el Mirador de San Pedro de Alcántara, desde donde obtendremos una de las mejores panorámicas de la ciudad.

LA BAIXA

Es la parte más baja de la ciudad, reconstruida totalmente por el Marqués del Pombal después de que el terremoto de 1755 destruyera gran parte de Lisboa. Un buen lugar para comenzar la visita es la Plaza del Comercio, el gran espacio abierto al estuario del Tajo que constituye una de las imágenes más conocidas de Lisboa. De ella parten tres calles peatonales muy concurridas, llenas de comercios, restaurantes y artistas callejeros. La más importante es la central, la Via Augusta, que desemboca en uno de los lugares más animados de la ciudad: la Plaza del Rossio, punto de encuentro de lisboetas, viajeros y vendedores ambulantes.

Lisboa desde el Tajo

EL CHIADO

Situado entre La Baixa y el Barrio Alto, la zona sufrió un espectacular incendio en 1988, pero desde entonces ha sido reconstruido y hoy vuelve a ser el eje comercial por excelencia de Lisboa, con sus cafés, sus calles peatonales y sus tiendas de lujo. Uno de sus lugares más destacados es el centenario café A Brasileira, de donde era asiduo el gran poeta Fernando Pessoa, en cuyo honor y recuerdo se erige a su puertas una estatua que suele ser el centro de las fotografías de los turistas. Pero quizás el verdadero icono del barrio sea el Elevador de Santa Justa: una gigantesca obra de hierro decimonónica que ejerce de ascensor en medio de la ciudad y desde cuya terraza, que sirve al mismo tiempo de mirador y cafetería, contemplamos todo el centro de Lisboa hasta perdernos en los reflejos azules del Tajo; un espectáculo que merece la pena vivir tanto de día como de noche. Saliendo del mirador, una pasarela nos lleva hasta la Iglesia Do Carmo, derruida durante el terremoto de 1755 y cuya efigie sirve como recuerdo de la mayor tragedia vivida por la ciudad.

La Baixa desde el Elevador de Santa Justa

LA ALFAMA

Encierra quizás este antiguo barrio marinero la esencia más pura de Lisboa, serpenteante entre callejuelas y escaleras, donde es mejor no seguir ningún itinerario establecido, simplemente deambular entre sus adoquines, descubrir sus pequeñas plazoletas y sus esquinas sombrías por donde vagan los gatos. La Alfama invita a ser paseada, a comprar fruta en sus comercios o simplemente sentarse tranquilamente en la terraza de una de sus muchas tascas y casas de comida. Mención aparte merece el Mirador de Santa Lucía, punto de entrada al barrio desde donde se reconoce otra Lisboa, con sus tejados apretujados hasta desembocar en el Tajo, muy azul como un pequeño océano tranquilo bajo el sol del mediodía. Es otra Lisboa, de menor escala, pero con una innegable belleza lánguida, casi como un pequeño pueblo mediterráneo.

EL CASTILLO

El barrio del castillo es un laberinto de estrechas y coquetas callejuelas empedradas que trepan por la colina. Tras la ascensión se llega al Castillo de San Jorge, que aunque se encuentra en ruinas atesora un conjunto de murallas, fosos y jardines que han sido cuidadosamente restaurados y reconstruidos. La entrada es algo cara pero merece la pena, sobre todo por sus vistas, desde donde podremos observar los barcos navegando por el estuario con el Puente 25 de Abril al fondo, así como la Plaza del Comercio y los muelles, el Elevador de Santa Justa y toda la zona de la Baixa y el Rossio.

La colina del castillo desde La Baixa

Hasta aquí nuestra primera aproximación a la ciudad, porque Lisboa invita a ser redescubierta en cada instante, en cada rincón, y no se trata de elaborar una guía exhaustiva sino más bien de invitar al viajero a que se deje seducir por ella, a que respire su belleza lánguida y comience a echarla de menos incluso antes de haberla conocido. Porque como dice una famosa canción popular portuguesa…

Poemas del aire vendrán

hasta aquí

lejos de Lisboa y lejos de ti.

Amor recordado, tristeza sin fin,

lejos de Lisboa y lejos de ti.

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Categorias: Portugal, Viajar por Europa



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