Chamonix, al pie del Mont Blanc

Chamonix

Cumbres nevadas, paraísos blancos, el mundo a nuestros pies hecho serenidad; manto de paz que cubre nuestras pesadas rutinas haciéndolas parecer lejanas. Porque allí, en las más altas cumbres de los Alpes se levanta majestuoso el Mont Blanc, enseñando su silueta poderosa; haciendo vibrar en nuestros oídos el sonido de los largos silencios que bajan desde sus empinadas laderas. Allí, desde Brévent, estación de esquí, maravilloso mirador del Mont Blanc, queda a nuestros pies Chamonix, la base para comenzar nuestra aventura.

Chamonix es puro invierno. El invierno en los Alpes es Chamonix. Una tranquila estancia desde la que podremos disfrutar de los maravillosos paisajes que nos ofrece el lugar, y ascender a la Aiguille du Midi, o ir hasta el glaciar Mer de Glace en unas raquetas paseando o en unos esquís por las pistas de Flègere.

Son gigantes rocosos que resguardan esta pequeña porción del Alto Saboya en Francia. Un precioso valle que se muestra especialmente encantador en esta época y que nos ofrecerá innumerables recuerdos, bellos y aventureros.

Panorama de los Alpes

Fue Jacques Balmat y Michel Gabriel Pacard quienes nos descubrieron, allá por el año 1786, que existe este rincón del mundo; que alcanzar esas alturas del mundo donde todo es pequeño y sin importancia, es posible. Ellos presiden ahora con su estatua de bronce la plaza central de Chamonix, dado que ellos le han proporcionado a la ciudad toda la riqueza que le proviene del turismo.

Chamonix tiene todo lo necesario para unas jornadas espléndidas de esquí. Ofrece buenos hoteles alpinos, buenos restaurantes donde degustar una sabrosa fondue de queso, guías profesionales para recorrer las montañas, trenes que atraviesan las nieves para alcanzar los glaciares, y por supuesto, pistas de esquís y telecabinas que te llevan hasta las más altas cumbres.

El tren de Montenvers nos ofrece un maravilloso viaje en tren, comunicándonos, desde Chamonix hasta el hotel de Montenvers, situado en un lado del Mer de Glace. Este “mar de hielos” es un glaciar de más de 14 kilómetros de longitud en cuya extensión hay un grupo de agujas rocosas, y desde el que se ve la Aiguille du Midi.

Precisamente el teleférico que va desde Chamonix a la Aiguille du Midi es una excursión que no podemos dejar de realizar. Pero atención, porque subimos casi hasta 3842 metros de altitud en tan sólo 20 minutos, y la aclimatación tan brusca a esas alturas y fríos no todos la resisten tan bien. Una vez arriba, hay que acercarse al mirador que tienen de 360º y quedaremos asombrados ante tal paisaje: Chamonix  tan abajo, tan minúscula, en el fondo del valle; a nuestro alrededor más y más picos agujas; a un lado el Mer de Glace y un poco más allá el mítico Mont Blanc.

Chamonix

Cuando bajemos, ya en Chamonix, por la tarde, después de un relajante y caliente baño, no nos queda sino descansar los músculos paseando por la ciudad; disfrutar de su ambiente, y de sus bellísimas vistas que tenemos desde cualquiera de sus calles, y, finalmente, escoger un restaurante donde disfrutaremos de la fondue de queso, tal y como dijimos anteriormente, del gratin savoyard, un plato compuesto de varias capas de patatas y queso, al horno, o bien de la tartiflette, un típico pastel gratinado cubierto de crema de leche.

Y para llegar hasta esta ciudad, tienes varias opciones: por la carretera a través de la autopista blanca, estás a sólo 16 kilómetros de Suiza y a 15 de Italia a través del túnel del Mont Blanc. También puedes llegar en autobús desde Ginebra, o en tren en la línea que va desde St. Gervais/Le Fayet a Vallorcine.

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Categorias: Francia, Viajar por Europa



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