Mayerling y el crimen de Rodolfo de Habsburgo

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Situado muy cerca del pueblo balneario romano de Baden y resguardado en un mar de arboles y vegetación espectacular, encontramos el Valle de Santa Helena (valle de Helenenthal). Estos bosques que se encuentran por la zona, son famosos en el mundo entero por las grandes alabanzas de poetas y músicos. Paseos románticos en contacto con una naturaleza plena que inundan de paz y armonía al visitante. No obstante, si existe un lugar famoso en estos bosques es Mayerling, y no precisamente por la sensación de paz y el contacto con la madre tierra.

Mayerling es una pequeña aldea situada en pleno valle de Santa Helena, a muy pocos kilómetros de Viena. Este lugar fue durante mucho tiempo dominio de la familia imperial. Una zona en la que la propia familia mandó construir un refugio de caza, muy frecuentado por el hijo del emperador Francisco José I y de la emperatriz Elizabeth, o Sissi. Este refugio fue el triste escenario del Crimen de Mayerling, en el que se descubrió sin vida el cuerpo de Rodolfo de Habsburgo (único hijo varón de los emperadores) y su joven amante María Vetsera.

Fue el 30 de enero de 1889 cuando apareció el cuerpo de este joven que jamás sería emperador. Mucho se habló de este crimen, incluso a día de hoy. Ya que aunque parecía un claro de suicidio (al parecer el príncipe de 30 años tenía ciertos trastornos psicológicos) la disposición de los cadáveres así como el estado de los mismos no parece convencer de que realmente fuera un suicidio. La versión oficial hablaría de un suicidio colectivo, ya que el príncipe convencería a su amante para que se quitara la vida con él. Pero el aroma del complot parecía impregnar todo este asunto (al parecer el hijo del emperador no tenía mucho amigos debido a sus ideas radicales y liberales). La joven presentaba signos claros de una fuerte paliza previa a su muerte, y el joven también tenía varios cortes en la cara y las manos (algo que hacia sospechar).

Pasara lo que pasara, el caso es que a la muerte de Rodolfo le sucedió como heredero su primo Francisco Fernando. El cual fue asesinado en Sarajevo en 1914 prendiendo la mecha de la Primera Guerra Mundial.

Tras la muerte de su hijo, la emperatriz se sumió en una fuerte depresión que duraría el resto de su vida. Por su parte, Francisco José I ordenó derribar el pabellón en el que habían encontrado los cuerpos y lo convirtió en un convento con el fin de que las monjas oraran por el alma de su hijo.

Foto vía:  Georges Jansoone

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