Panticosa, a los pies de los Pirineos

Vistas de Panticosa

Al norte de la provincia de Huesca, a los pies de los Pirineos, se encuentra el pequeño pueblo de Panticosa. De apenas mil habitantes, Panticosa es un pueblo con encanto, lleno de casonas de piedra y con un templo originario del siglo XIII, la Iglesia de la Asunción. Pero también, Panticosa es un fantástico lugar para llevar a cabo actividades deportivas y de turismo activo.

Y comenzamos con el referente turístico más importante de la localidad, la estación de esquí de Aramón Panticosa. No es ni mucho menos una de las estaciones más grandes de España, pero no es muy concurrida y eso hace que no esté muy masificada. Se puede practicar el esquí con mucha libertad, y también el snowboard, pues cuenta con una buena cantidad de espacios vírgenes.

Ya que el Valle del Tena es una zona montañosa, es muy común cruzarse con escaladores, barranquistas y aficionados a todo tipo de actividades relacionadas con el alpinismo. Las zonas de Forronias, la Peña Santa María o la Peña Castiecho tienen vías habilitadas para la práctica de estas actividades de aventura.

Para los amantes del senderismo y de los paseos, Panticosa y sus alrededores están plagados de rutas de toda dificultad para recorrer, y de distintas duraciones, para satisfacer las exigencias de todo el mundo. Hay recorridos más transitables, como la ruta que une Panticosa con El Pueyo de Jaca o hasta La Cucuraza, y por tanto ideales para hacer en familia.

Personalmente, merece mucho la pena realizar un esfuerzo extra y seguir alguna ruta que discurra exclusivamente por pasos de montaña. Descubrir el Ibón de los Asnos o el Ibón de Sabocos, lagos escondidos entre los montes a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, o contemplar vistas inigualables desde alguno de los miradores que encontraremos son experiencias prácticamente únicas.

Luego está la pesca, que no deja de ser una práctica deportiva aunque sea mucho más tranquila. Los ibones, los embalses de Bubal, en Hoz de Jaca, y de Lanuza y el curso del río Gallego son lugares frecuentemente visitados por amantes de esta costumbre ancestral, atraídos por la trucha común que suele nadar en estas aguas.

Foto Vía Fernando

Autor: Javier Gómez

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