La Fortaleza y ciudadela Rasnov, en Transilvania

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Desde la historia de Drácula Rumanía parece cubierta con un halo misterioso. Pasan los años, los siglos y la historia y sin embargo ese halo permanece. Lo cierto es que este país de Europa del Este tiene una gran colección de fortalezas y castillos y son ellos los que ilustran la rica historia medieval de esta tierra. Los hay de estructura fuerte y austera, defensiva, y los hay lujosos e imponentes. Todo depende de cuándo hayan sido construidos.

En la construcción de un castillo prima la situación político-social y mientras los primeros en Rumanía fueron construidos entre los siglos XIV y XVIII, turbulentos, los segundos aparecen a fines del siglo XIX. Si te gustan los castillos, más viejos o más nuevos, no hay como Rumanía y en especial Transilvania pues los casi nueve años de presencia sajona en esta tierra han derivado en una gran herencia cultural y arquitectónica, única en Europa.

Transilvania es el hogar de cerca de 200 aldeas sajonas con fortalezas e iglesias construidas entre los siglos XIII y XV. Siete de estas iglesias fortificadas son Patrimonio Mundial así que imagina la belleza de este lugar. Además del Castillo Bram, el que gira en torno a la historia de Drácula, está la Fortaleza Rasnov, situado cerca del pueblo de Brasov.

Esta fortaleza se alza en la cima de una colina en los Cárpatos a casi 200 metros sobre el pueblo de Rasnov. Aparece en un escrito por primera vez en el año 1331 y fue construida por los Caballeros Teutones para proteger la zona de las invasiones tártaras. Más adelante la población sajona la expandió. Está muy bien ubicada porque se sitúa en la ruta comercial que une varias provincias rumanas.

La Fortaleza Rasnov se diferencia de otras fortalezas sajonas en que fue diseñada como un lugar de refugio para largos períodos de tiempo. Así, alberga unas treinta casas, una escuela, una capilla y otros edificios comunales que tienen que ver más con una aldea que con un castillo.

Su sistema defensivo incluye nueve torres, dos bastiones y un puente levadizo. Sólo se rindió una vez, en 1612, cuando los invasores dieron con la ruta secreta de abastecimiento de agua de la fortaleza. La última vez que Rasnov fue sitiada fue en 1690 con la invasión otomana a Transilvania. Se incendió en 1718 y fue reconstruida pero volvió a sufrir daños con un terremoto en 1802. Con las revoluciones de 1848 volvió a servir de refugio pero después fue abandonada.

Hoy la vieja fortaleza está restaurada a su antigua gloria y se abre al púbico. Funciona dentro un museo y es maravillosa.

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