Avignon, el oasis de las leyendas

Hoy recorremos otro lugar con encanto para los amantes de las ciudades medievales, para aquellos que les encanta perderse entre sus callejuelas, atravesar siglos en la historia y volver a buscar la oportunidad de toparnos con algún caballero entrando victorioso en la ciudad, o una dama que nos cuente las leyendas más misteriosas que jamás pudiéramos imaginar. Hoy paseamos por Avignon, al sureste de Francia, a 653 kilómetros de París y a 80 de Marsella.

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Avignon fue y es reconocida sobre todo por ser la residencia de los papas en 1309, cuando la ciudad estaba bajo poder de los reyes de Sicilia. Hasta 1791 la ciudad se convirtió en territorio papal, no incorporándose a Francia pasada ya la Revolución Francesa.

Toda esta historia de conflictos y tejemanejes han propiciado que Avignon sea una de las ciudades más hermosas de Francia. Su arquitectura, sus edificios y su patrimonio artístico la convierten en uno de los enclaves más interesantes del gótico europeo.

Avignon es una ciudad donde destaca la antiguedad de sus calles, maravillosamente bien conservadas, llena de vida, llena de arte (no en vano en ella se celebra, en el mes de julio, uno de los festivales de teatro más importantes del mundo), juventud y música. Todo ello lo podemos encontrar en esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Cuando atravesamos la Puerta de las Murallas de la Ciudad de Vieja, dejando a nuestra derecha el río Ródano, es como si dejáramos atrás el mundo en el que nos encontramos y nos situáramos en plena Edad Media. Una sucesión de calles empedradas se nos abren a nuestro paso, calles empinadas en laberinto, casas antiguas, pequeñas iglesias y conventos. Un sinfín de elementos decorativos y arquitectónicos. Pero no sólo eso, sino que Avignon es una ciudad tremendamente viva. Multitud de terrazas, cafeterías, pequeñas compañías teatrales callejeras, todo un abanico de posibilidades para convertir la visita a la ciudad en un viaje muy agradable.

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Cuenta la leyenda que un pastor llamado Bénezet tuvo una revelación divina en la que se le comunicaba que debía construir un puente en la ciudad. Se acercó a las autoridades eclesiásticas que tutelaban en esa época la ciudad para expresarles la revelación. La iglesia, como mofa de su locura, le dijeron que cargara él mismo con una gran roca, para que sirviera de puente, y la colocara en el río. Bénezet, con su propia fuerza, levantó milagrosamente una enorme roca, y entre luces celestiales, la colocó sobre el río. Así relatan los habitantes de Avignon la construcción de uno de sus monumentos más simbólicos, el Puente de Avignon.

Se construyó en 1177. Actualmente ya no cumple la función por la cual fue realizado, ya que sólo dispone de cuatro arcos que lo sotienen, cuando originalmente tuvo 22. Así pues, se corta a mitad del río, aunque sigue siendo un auténtico lugar de culto para los turistas, que se acercan hasta él para contemplarlo y oir las diversas leyendas que se le atribuyen.

Otra visita imprescindible en Avignon es el Palacio de los Papas, un edificio grandioso, lleno de historia. Obra suntuosa del gótico del siglo XV, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las paredes del Palacio tienen 8 metros de altura, con mas de 80 torres de todos los estilos.

Cuando nos acercamos a él podemos observar la magnificencia del conjunto, destacando su fachada, una profusión de arcos, almenas y torres puntiagudas. Detrás de la fachada, se sitúa el Gran Salón donde los pontífices recibían a sus visitantes más ilustres. A la entrada nos ofrecen un receptor telefónico para que podamos seguir en castellano las explicaciones que nos dan de todas las salas abiertas a la visita. La entrada al recinto cuesta 7,50 euros, y está incluída la visita al Puente.

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Del centro de la ciudad de Avignon podemos destacar, además de su entramado laberíntico de callejuelas, la Catedral, de estilo gótico y que alberga la tumba de Juan XII. Se encuentra justo a la espalda del Puente. El Petit Palaise, que fue residencia de cardenales y obispos, hoy museo con importantes obras de Botticelli. Asimismo, el Palacio Veux, de orden cisterciense, muy austero, y el Palacio Nouveau, mucho más recargado y ostentoso que el anterior.

Así pues, Avignon debe convertirse en un lugar de inexcusable visita para todos aquellos amantes de la Edad Media, aquellos que quieran perderse entre callejuelas empinadas, con las torres del Palacio de los Papas sobresaliendo, buscando en el horizonte la luz del Ródano, el Puente que en Avignon no lanza suspiros sino leyendas.

Cómo llegar

Podemos llegar hasta Avignon en avión, concretamente a su aeropuerto Avignon Caumont. Se encuentra a 8 kilómetros de la ciudad, y recibe 4 diariamente cuatro vuelos desde París Orly. Aún así, las compañía aéreas Air France e Iberia vuelan diariamente desde Barcelona y Madrid hasta Marsella, que se encuentra a 80 kilómetros de Avignon.

También podemos elegir el Tren de Alta Velocidad francés que une París y Avignon en poco más de dos horas y media.

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Categorias: Francia, Viajar por Europa



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