Santiago de Compostela, última etapa del Camino de Santiago

Catedral de Santiago

Cansados, sudorosos, somnolientos, afrontamos la empinada cuesta de la Vía Sacra; la que bordea el muro del Convento de San Paio de Antealtares. Levantamos la vista. ¡ Allí está ! Nuestra meta, el momento mágico por el que hemos luchado en estas últimas jornadas. Bastantes días caminando, los pies heridos, el cuerpo hundido por las agotadoras marchas. Pero al fin, ante nuestros ojos se levanta la culminación de nuestro sueño: la Catedral, el epílogo de nuestro Camino de Santiago.

En poco tiempo cumpliré con el rito de hundir mis cinco dedos en el mármol, a los pies del David, en el Pórtico de la Gloria. Le daré unos golpes, lo que los peregrinos llamamos croques, con la cabeza sobre la imagen del “Santo dos Croques”. Y, por último, visitaré el templo antes de comer la clásica vieira.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Porque para contemplar Santiago nada mejor que subir al Monte do Gozo, allá donde los peregrinos medievales entonaban el Te Deum a la vista de las siluetas de la ciudad. Desde allí, cinco kilómetros nos separan del Pórtico. Desde allí, la rúa de san Pedro nos llevará hasta la entrada más conocida de Santiago: la Porta do Caminho, una de las siete entradas que tenía la antigua muralla. Y así atravesamos sorprendidos una ciudad que cambia con el transcurso de las callejas, porque Santiago está claramente dividida en dos: la parte nueva de la antigua. Una parte vital, ambientada y joven, del auténtico casco histórico, prácticamente tomado por los peregrinos.

La Rua das Casas Reais, la Rua das Anima, la de la Azabachería y finalmente la Vía Sacra para cumplir con el mágico ritual de visitar al apóstol. Y allí, en la Plaza de Quintana, el corazón rejuvenece, los cansancios se olvidan, las sonrisas vuelven, porque ya a tiro de piedra está la Plaza del Obradoiro, el manto que da entrada a la más maravillosa fachada barroca que imaginar pueda el ser humano.

Desde la aparición del apóstol hace ya 1.200 años, la riada de peregrinos fue tal que el clero supo sacar provecho de tales creencias, y al mismo tiempo, entregar la ciudad a una profunda transformación. Fue el siglo XVIII el que formó la última de ellas, la que animó a la Iglesia a construir una fachada a la altura del fervor popular. Es tal la grandeza de su fachada, y tan grande y bella la plaza del Obradoiro, que realmente no se sabe cuál se construyó para engrandecer a la otra.

Calles de Santiago

Es la Plaza del Obradoiro señorial, bella, grandísima, y las colas de peregrino esperando cumplir el ritual no menos larga, aguantando bajo el cielo descubierto de la Plaza sea sol o lluvia. Al oeste de ellos, el Palacio Raxoi, un gran edificio neoclásico construido en el año 1767 para internar a los niños del coro de la Catedral, y hoy día, sede del Ayuntamiento y la Xunta de Galicia, cuya capital está en Santiago. Al sur se encuentra el pazo gótico de San Xerome, donde se encuentra el Rectorado de la Universidad, y frente a él, el Hospital Real, construido en el año 1501, por concesión de los Reyes Católicos, y hoy, Parador de Turismo.

Pero lo que de verdad llena el alma son aquellas escalinatas que todo peregrino se precia de haber subido una vez en su vida. Con cada paso restalla el silencio de los pasos. Con cada escalón, calla el latido del corazón; se levanta la vista y de cada piedra del maravilloso Pórtico de la Gloria susurran en nuestros oídos los nostálgicos sonidos de los siglos de Historia.

Fue en el año 1100 cuando el Obispo Xelmírez encargó a un cantero, Mateo, una nueva puerta para la iglesia compostelana. Y de su taller surgió aquella maravilla románica en forma de arco con 24 figuras, la de los ancianos del Apocalipsis tallados en él y arropando a un Cristo y sus apóstoles en relieve. Bajo él, la figura de un apóstol Santiago acogedor de sus romeros.

Aún hay muchas cosas por ver en Santiago de Compostela, como el Palacio Xelmírez, de estilo románico, o el Monasterio de San Martín Pinario, o el Hostal de los Reyes Católicos, y muchas aventuras que vivir en la noche compostelana, en su casco antiguo donde hay muchos locales con una decoración especial y música tranquila, o en el famoso Ensanche, zona de la marcha de Santiago…

Y para los peregrinos más acérrimos, aún un tramo más, aunque no esté reconocido oficialmente dentro del Camino de Santiago: el que cubre la distancia entre el Obradoiro y Fisterra, allá donde se encuentra el que tiempo ha fue el cabo del Fin del Mundo, donde la layenda se funde con la mar, y donde los sueños se hacen realidades…

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Comentarios (2)

  1. celeste dice:

    hola mi nombre es celeste soy de argentina me encantaria conocer santiago de compostela creo que seria un emosionante viaje a traves de tanta belleza .. espero algun dia tener la posibilidad de conocer..

  2. mili dice:

    ayudadme! soy de a coruña pero llevo 40 años lonxe ,el proximo año quiero llevar a mis hijas y algunos amigos a Santiago de Compostela pero ay de mi! no se explicar el origen de meter los 5 dedos en la piedra ni el porque de “os croques”….sabeis decirmelo ?.graciñas!
    Milagros gil

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