De playas en Los Angeles: rompiendo mitos

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¡Cuantos mitos veraniegos hay que nos creemos a pies juntillas y luego resultan no ser realidad! Algo así me vino a suceder el día que decidí acercarme a las playas de Los Angeles. Sí, sí, esas en las que en su día la conocida serie de “Los vigilantes de la playa” nos deslumbraban con las relucientes y apolíneas (o curvadas, según se vea) figuras de sus vigilantes. No sólo ellos mostraban una figura envidiable (a mí los dientes me rallaban el suelo) que ya quisiera incluso el deseado Cristiano Ronaldo. También los bañistas que allí tomaban el sol parecían tener siluetas perfectas y tanto chicos como chicas (todos jóvenes y guapos/as) lucían sus bañadores y bikinis ante el constante babeo de los telespectadores que más se afiliaban a la serie por esta características que por la calidad de la misma.

Con esa guisa, me marché en primer lugar a las famosas playas de Santa Mónica. Por supuesto, antes ya había visitado Hollywood y todo lo realmente importante que merece la pena ser visitado allí (todo muy cinematográfico, eso sí), de modo que dejé para el final aquel reducto de placer al sol.

Ataviado con ropa fresquita, mi bañador y el bronceador allá que me fuí a buscar las doradas playas (y pieles, claro está) californianas.

Desde el “paseo marítimo”, ya atisbé unas extensísimas playas de arena más o menos fina, y a lo lejos (muy a lo lejos el mar). Justo entre el paseo marítimo, y la orilla, un paseo cementado invitaba a andar por él, y a circular tanto en bici, como con cualquier otro artilugio de ruedas. “Ay, por aquí es por donde suelen ir las patinadoras que salen por la tele”… sí sí… miré a derecha, miré a izquierda… una bicicleta, algún niño con otra bicicleta con sus ruedas pequeñas, y al ratito, al fin… una patinadora. Hummm, bueno, sería una excepción. Al rato, otra… nada, otra excepción. En fin que en la playa tres cuartos de lo mismo; en las torretas de vigilancia que, esas sí, son igualitas que las de la tele, pues los vigilantes se veía que, como buenos americanos, también se atiborraban de hamburguesas. ¡Vaya fiasco!, pensé. “Igual en alguna de las otras…”

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De modo que me encaminé a las playas de Venice… ídem, más de lo mismo. Luego a las de Malibú, también conocida por nosotros como las playas de “la gente bien”. Conocidas como la Surfrider Beach por la cantidad de surfistas que se acercan hasta allí, al menos el espectáculo deportivo allí sí que merece la pena.

Más al noroeste de Malibú está la playa de El Matador, playa pensada para los románticos y donde los mismos angelinos dicen que están las aguas más cristalinas. Y, por último, la Manhattan Beach, a la que tantos famosos suelen ir cuando quieren tomarse un bañito en las playas pacíficas.

En suma que, si volvéis a ver alguna reminiscencia de las que periódicamente nos ponen en la tele de los Vigilantes de la Playa, NO os lo creáis. Ni son más guapos ni más perfectos que nosotros. Hay de todo, como en botica. Buenas playas, eso sí, buen ambiente, eso también, pero ni mucho menos, la elegancia que tanto nos quieren vender.

¡Ea, un mito menos!

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Categorias: Estados Unidos, Playas, Viajar por América



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