El Duomo de Florencia

Milan de noche

Hacer un viaje a Italia es un regalo seguro a los sentidos y a la sensibilidad. Da igual la zona a la que vayamos, sea la zona del Véneto, con la nostalgia de Venecia, o la sobriedad y la belleza de Padua o Verona; o la riqueza de Milán; o la Historia que encierra Roma en sus calles, o los campos de la Toscana, o la tranquilidad de Sicilia

Pero Florencia no es sólo un regalo, es un festival de sensaciones que te inundan la vista, el tacto, el olor y hasta el sabor. Florencia es puro arte, es pura esencia, es puro sentimiento. Sin duda alguna, la ciudad más artística del mundo. Y si arte es toda Florencia, su emblema, su corazón, aquello que entre tanto arte se te queda grabado para siempre, es el Duomo y su cúpula.

La catedral, Santa María del Fiore, es la cuarta más grande de Europa y además el edificio más alto de Florencia. Da igual la calle por la que accedamos a la Piazza del Duomo, porque la primera impresión que se tiene al encontrarse con ella es abrumadora. Su colorido, su señorío, sus líneas y sus diseños te llenan y te impactan. El Baptisterio, tan magnífico, parece pequeño a su lado y es que frente a él, se levantan majestuosos por un lado, la fachada neogótica de mármol del Duomo, el campanil de Giotto y por detrás de ambos, asomando muy arriba, la famosa cúpula naranja de Brunelleschi.

La fachada, en estilo neogótico fue terminada, al contrario que todo el resto de la catedral, en el año 1887 por Emilio de Fabris, siguiendo las pautas que casi 600 años antes proyecto Arnolfo di Cambio.

Duomo de Milán

El Campanil ofrece unas bellísimas vistas de toda la ciudad pues llega hasta los 85 metros de altura, quedándose 6 metros por debajo de la cúpula de Brunelleschi. Está cubierto de mármol toscano blanco, rosa y verde. Lo comenzó Giotto en el año 1334. A su muerte lo continuó Pisano, y por útlimo, Talenti lo finalizó en el año 1359. 16 estatuas pueden verse en el campanario y obras de Donatello, Pisano y Della Robbia, así como otros ilustres artistas italianos de los siglos XIV y XV. Aunque las vistas que se tiene de la ciudad son mejores desde la cúpula del Duomo, pues está más alto, como curiosidad merece la pena subir al Campanile, para vivir el agobio de sus escaleras, los estrechos ventanucos por los que vemos los retazos de Florencia, y la zona final de escaleras que dan acceso a la terraza final.

La construcción del Duomo comenzó en el año 1296 bajo las ordenes de Arnolfo Di Cambio, pero continuó durante muchos años con otros muchos artistas famosos, como Giotto, quien dirigió las obras de 1334 a 1336, Talenti, Lapo y Ghini. nada más entrar, sorprende el suelo, que hace parecer a la catedral muy amplia y abierta. Este suelo es de mármol muy colorido, y data del siglo XVI. Su diseño corresponde a Baccio d’Agnolo y Franceso de Sangallo.

En el ala derecha de la catedral se levanta la Capilla del Este, coronada por tres cúpulas idénticas, pero en escala más pequeña de la cúpula de Brunelleschi. dentro hay cinco magníficas capillas más, y las vidrieras, preciosas, son de Ghiberti, del siglo XV. Frente a ella está el santuario de mármol que rodea al altar mayor, de Bardinelli, del año 1555, y, justo al lado, las escaleras que suben a la cúpula.

463 escalones. Esos son los que tendremos que subir tras armarnos de paciencia. Pero el camino no se hace largo, sabiendo cués es el premio final, ni las maravillas que podemos ir observando durante la subida. La cúpula, que fue acabada en el año 1463, fue la más grande que en sus tiempos se construyó sin andamios, y es que la parte de fuera de la cúpula se sostiene sobre una cúpula interna, de modo que hay una doble cúpula. Los ladrillos naranjas se colocaron entre los nervios de mármol de la estructura, de modo que se sujetaban unos a otros.

Juicio final de Vasari, detalle

detalle del Juicio Final de Vasari

Desde la primera parada que hacemos en las escaleras, en una baranda exterior, a bastante altura ya del altar mayor, qu se extiende a nuestros pies, podremos admirar la gran obra de Vasari, el Juicio Final que se pintó bajo la cúpula de Brunelleschi. Los impresionantes frescos, completados por Zuccari, fueron pintados entre 1572 y 1574.

el último tramo de escaleras nos conduce hasta la cúspide desde donde las vistas de Florencia son impresionantes, pues las fotos que desde allí tomemos reflejarán la silueta de la ciudad, su formación, sus calles, sus casas, y el curso de río Arno, que plácido discurre por Florencia.

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Categorias: Italia, Viajar por Europa



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