Egipto, crucero por el Nilo II

Templo de Edfu

Templo de Edfu

Saliendo desde Assuán, tal y como os comentamos en la primera parte de este crucero por el Nilo, la primera noche es completa de navegación, pues nos dirigimos a Kom Ombo, situada a 45 kms. al norte. Tras el madrugón y un rapidísimo café o té con el que calentarse, salimos del barco. Aquella primera impresión de haber salido del puerto de una ciudad, y despertar en un pequeño atraque donde lo único que hay alrededor es un gran desierto y plantaciones de cañas de azúcar con un templo solitario en medio es una impresión de esas que se guardan siempre en los recuerdos. Fue como haber viajado en el tiempo. Como dormirse en el presente para despertar en los tiempos del gran Imperio Egipcio.

El templo de Kom Ombo está dedicado a Haroeris, el Buen Doctor, y a Sobek, el dios cocodrilo. El templo destaca por sus entradas y por los relieves de sus fachadas con motivos médicos.

La siguiente visita es la que nos llevará a Edfú, el viaje más largo, pues son 105 kms al norte de Assuán. Está dedicado al dios Horus, el dios Halcón, y fue construido durante la época Ptolemaica.

Tras esta visita y la que a veces incluyen de Esna, llegamos al que para mi gusto fue la visita más especial y la que más nos entronca con el auténtico espíritu de lo que fue el Antiguo Egipto: Luxor, y la orilla opuesta del Nilo, Tebas, la antigua capital egipcia. En Tebas visitaremos las tumbas de todos los grandes faraones situadas en el Valle de los Reyes, entre ellas la de Tutankamón, famosa sobre todo por la leyenda que la envuelve. En la misma orilla están los Colosos de Memnón y el templo de la reina Hatshepsut. Y en la otra orilla dos grandes templos en medio de la ciudad: los Templos de Luxor y el de Karnak.

Desgraciadamente, la visita a estos lugares ha de hacerse en apenas un día con lo cual el tiempo del que se dispone es ínfimo para el que realmente merecería la pena. Y es que desde Luxor salimos vía aérea hasta El Cairo.

Piramides y Esfinge

Puedo hablaros de visitar la Ciudadela de Saladino, un exquisito templo construido alrededor del año 1176; o del exquisito Museo de El Cairo en el que podremos hacer un recorrido por todos los restos arqueológicos que el Imperio Egipcio nos ha dejado, pero todos pensamos en la misma visita, en la que le da sentido a un viaje que desgraciadamente hoy día se nos antoja peligroso por las amenazas terroristas: las Pirámides de Gizeh y la fabulosa Esfinge que tantos siglos de Historia ha visto pasar ante sus ojos.

Simplemente impresionan; su tamaño, su perfección, pero sobre todo, la historia y los misterios que encierran sus piedras. Entrar dentro, pasear por sus laberintos estrechos y llegar hasta la cámara central es una experiencia inolvidable; ciertamente agobiante, pero merece la pena intentar olvidar los miedos y visitarlas por dentro. Y finalmente, la Esfinge, con esa mirada tan enigmática, con esa situación tan privilegiada en las llanuras de Gizeh… no olvidéis visitarlas por la noche, al igual que en Filae, pues en ellas se hace un espectáculo nocturno de luz y sonido, en el que se nos cuenta su Historia, y parece es la misma Esfinge quien nos habla.

El resto son visitas menores; pasear por el Gran Bazar, acercarnos hasta Sakkara, o visitar el Oasis de Al Faiyum. Nuestras ansias de viaje a Egipto, nuestro motivo de crucero por el Nilo se cumple en el mismo momento que por primera vez sentimos la magia de las Pirámides de Gizeh.

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Categorias: Egipto, Viajar por Africa



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