San Francisco, abierta, fresca y original

Golden Gate en San Francisco

A las 5 y 12 minutos del 18 de Abril de 1906, San Francisco se vio sacudida por un enorme terremoto de escala 7,8º en la escala Richter. La fuerza del seísmo, el fuego, días entero de destrucción y terror en la “París” de América, como gustaban de llamarla. Jack London, famoso escritor nacido en la ciudad, escribió: “San Francisco ha desaparecido. No queda nada, salvo el recuerdo”.

Desde entonces, numerosos terremotos, de mayor o menor intensidad han sacudido la ciudad (el último, en 1989, aún lo recordaremos muchos de nosotros, por aquellas imágenes del puente de la Bahía de San Francisco desplomándose en una sacudida que se produjo a media tarde. Y aún está por llegar el que los propios habitantes de la ciudad llaman el “Big One”, el que los más agoreros dicen que destruirá gran parte de la costa occidental de EEUU.

Y, sin embargo, las gentes de allí sólo dicen que no pueden irse del mismo Paraíso.

Los que venimos de fuera y pensamos en EE.UU. siempre tenemos una idea de sus ciudades relacionadas con grandes rascacielos, con un intenso tráfico, con estrés. Por eso, mi primera sorpresa en mi viaje por California fue esta bella ciudad: San Francisco. Una ciudad alegre; una ciudad abierta al mar; fresca, original, con su niebla casi perenne. San Francisco parece recogerte con los brazos abiertos y meterte en un ambiente romántico, con sus tonos pasteles, entre marrones y azules. Su abertura al mar le da un aroma muy mediterráneo; un sabor inconfundible a nostalgia, y al mismo tiempo, cosmopolita.

El paseo por Fisherman Wharf con su famoso Pier 39; o las vistas que desde el puerto se obtiene de la Prisión de Alcatraz; el olor a pescado y marisco de los muchos restaurantes que pueblan el paseo marítimo; el famoso puente Golden Gate, tan majestuoso, tan inconfundible… es como vivir una película con imágenes que se te han quedado grabada en las retinas de tantas y tantas sesiones de cine en las que la acción ocurría en las calles de San Francisco…

Porque si hablamos de ciudad de película, no podemos olvidar sus calles empinadas, ni dejar de relacionarlo con las típicas persecuciones de coches en las que al llegar a la cima de la cuesta, literalmente vuelan por el aire, cayendo unos metros más adelante, mientras los tapacubos salen rodando cuesta abajo. La calle Lombard es el clásico ejemplo de este tipo de cuestas. Es una experiencia única el conducir por sus calles. Es una impresión inolvidable llevar un coche por esas calles con la sensación de que acabarás en la bahía si sueltas el pedal, o llegar a la parte alta de la cuesta sin tan siquiera ver lo que hay al otro lado de la calle. E inolvidable es ese punto de la cuesta de la calle Hyde, en que la enfilas, llegas a la cima, y de repente ante tus ojos se despliega la bahía, Fisherman Wharf, el Golden Gate a la izquierda y al frente, en medio del mar, Alcatraz.

Tranvía de San Francisco con Alcatraz al fondo

La ciudad, situada en una península de 50 kms de largo, y rodeada de agua por tres lados, está conectada al continente por dos puentes: el Golden Gate y el de Oackland. Socialmente es una ciudad con una gran diversidad de culturas; tiene una docena de barrios muy diferenciados entre sí. Chinatown engloba a la comunidad china más grande fuera de la propia china. Una vez entras en sus calle es como si viajaras en el tiempo y el espacio para colocarte en los barrios de Pekín. A su lado, el barrio italiano, tan mediterráneo, lleno de pinturas murales, y como no, pizzerías por todos lados. El Distrito Financiero, uno de los pocos barrios de la ciudad con rascacielos, donde se encuentran las grandes empresas y en la que destaca la Transamerican Pyramid, o el barrio latino, donde poder tomar una copa disfrutando de música de salsa.

Cosas prácticas para recordar

Horario: con respecto a España hay un desfase horario de 8 horas.

Moneda: el dólar estadounidense.

Electricidad
: 110 voltios

Clima: durante el día las temperaturas son agradables (entre 15-20º), pero a medida que va atardeciendo, la bruma y la niebla va cayendo, y las temperaturas bajan bastante, incluso por debajo de los 10º. La humedad es altísima (yo acabé con un resfriado de narices en los 5 días que estuve). En pleno verano, que fue la época en que estuve, de los 5 días solamente en uno conseguí ver el Golden Gate despejado. El resto fueron las típicas fotos del puente rojo emergiendo entre las nubes.

Idioma: El idioma es el inglés, lógicamente, pero no tendréis problema para haceros entender, tal es la cantidad de latinos que hay. Es raro el hotel, tienda o restaurante donde alguien no te habla en español.

Visados: para entrar en EEUU hace falta pasaporte y visado. Para pasar de EEUU a Canadá o México, se puede hacer sin necesidad de un nuevo visado siempre que esa salida no supere los 30 días.

Aduanas
: preparaos para ser registrados a fondo. Todos, tengan o no algo que declarar, han de pasar por la Aduana.

Ropa: aún cuando vayáis en verano os harán falta jerseys y cazadores. Su situación junto al mar, en alto, en las colinas, la niebla y la humedad, hará que, sobre todo, por las tardes paséis frío. Pasear ya por las noches, ni os cuento.

Comer: pues dentro de la mala gastronomía que predomina en EEUU, San Francisco es lo más europeo que os encontraréis. Si bien no se la puede catalogar como una cocina europea, destacan sobre todo sus pescados y sus mariscos, llevándose la palma, sin duda alguna el cangrejo y el buey de mar que allí preparan de muchas formas distintas.

Los tranvías

Y no podía cerrar esta breve introducción a San Francisco sin hablar de lo más famoso de la ciudad: sus tranvías. Tan importantes son en la fisonomía de la ciudad que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad.

Como Rudyard Kipling dijo… “Tuercen las esquinas en ángulos casi rectos, cruzan sobre otras líneas y a mí me parecen que trepan por las paredes de las casas”.

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Categorias: Estados Unidos, Viajar por América



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