Zaanse Schans: entre molinos y canales

Zaanse Schans, en Holanda

A apenas 8 kilómetros de Amsterdam, cerca de Zaandam, se encuentra Zaanse Schans, serena y tranquila entre molinos y canales. Una preciosa aldea holandesa que parece casi hecha para el turismo por su perfección. Porque es la perfecta recreación de lo que siempre hemos pensado que es un típico pueblo holandés.

Zaanse Schans está en un inmenso prado verde donde pastan con su habitual tranquilidad las vacas, bien alimentadas ellas, mientras a su lado una fila de molinos se recortan contra el cielo azul. Más de 800 molinos llegó a tener la región de Zaan, pero hoy día, en esta pequeña aldea se han concentrado unos cuantos procedentes de varios puntos de la zona, con el fin de no perder la tradición que el lugar guarda históricamente.

Las casitas de este pequeño pueblo son casas de madera, con fachadas pintadas en colores, generalmente verdes o negras, y ventanas a través de cuyo cristales podemos ver las cortinillas de encaje blanco. Entre ellas, pequeños puentes individuales que las conectan y que nos permiten salvar los cauces de las pequeñas acequias que las circundan. Y, completando el cuadro de Zaanse Schans, granjas, talleres y fábricas de quesos que le dan un aroma aún más tradicional a este lugar, como si del siglo XVII se tratara.

Zaanse Schans, en Holanda

Pero como sitio turístico que es, dado que es el lugar más representativo en Holanda de lo que busca un turista, también la pequeña aldea tiene bastantes tiendas de souvenirs, montadas en aquellas mismas casas de madera coloreada e incluso ver en ellas cómo hacen los famosos zuecos holandeses. Un poco más allá hay una fábrica de queso en la que no sólo podremos degustar el sabroso gouda o el edam, o incluso tomarnos una fondue cerca, sino también asistir al proceso de elaboración de estos quesos. Igual ocurre con los molinos, pues podemos visitarlos por dentro, y conocer de primera mano el funcionamiento de su maquinaria, muchos de ellos aún de madera. El molino De Zoeker se dedica a la obtención de aceite. El De Kat está dedicado a moler maderas tropicales.

Una última visita típica es la del museo de relojes, el Klokkenmuseum, en el que también nos mostrarán cómo se hacen éstos y nos enseñarán algunos modelos que son únicos en el mundo.

Y en nuestro camino, iremos descubriendo detalles curiosos, como la antigua serrería, o una panadería tradicional de horno. Con cada paso, y con cada segundo, poco a poco, nos iremos perdiendo en el sabor de un pueblo típicamente holandés…

Para leer más sobre el país: Artículos sobre Holanda

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Categorias: Holanda, Viajar por Europa



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