Praga, Venecia, Edimburgo... El mundo está lleno de pequeños rincones con un sabor y un olor especial: siempre habrá un lugar en el que podernos perder en parajes recónditos; en el que oler aires de montaña u oir el murmullo de las aguas en una playa. Siempre habrá un monumento, una calle, un edificio al que admirar.