Bora Bora, el sueño de la naturaleza

bora bora

Volvemos a traeros a otro lugar maravilloso que la Naturaleza nos ha brindado; unas islas paradisíacas a las que seguramente todos nosotros nos gustaría ir aunque fuera una vez en la vida. Espero que las disfrutéis.

Viaje a la Naturaleza II: Bora Bora

Os diré un secreto, y a la vez, un consejo. Cuando lleguéis al mostrador de embarque del aeropuerto que os lleve a Bora Bora, en la Polinesia Francesa, no os olvidéis, amén de las maletas claro está, pedir que os reserven como sea un asiento en la ventanilla del avión. Aunque padezcáis de vértigo, como yo, vale la pena echar el primer vistazo desde el aire a la mismísima isla que hechizó hasta la persuasión al mítico capitán James Cook hace más de 200 años.

Bora Bora ha sido considerada por muchos grandes viajeros como la más bella del mundo, el lugar más inolvidable del Pacífico Sur. Es tan bonita que se dice que inspiró a Bali Hai para sus Cuentos del Pacífico Sur. La isla tiene más de 6 kilómetros de longitud y 4 de anchura. A pesar de esta pequeñez relativa, Bora Bora se levanta como un oasis en medio del mar. El mar que ofrece su barrera de arrecifes circulares cubiertas de palmeras, formando un cinturón de islotes conectados entre sí alrededor de una gran laguna donde el verde y el azul nos hacen exclamar de admiración, buscando las palabras entre nuestros sentidos.

La isla, de un intenso color verde, cuyos famosos picos volcánicos gemelos se elevan casi 800 metros sobre el nivel del mar, nos muestra la exquisita playa Matira. Un paraíso blanco como el azúcar, posiblemente la más idílica del Pacífico.

La vista de Bora Bora

Allí os encantará la serie de bungalows con techo de paja, unos en la playa y otros sobre el agua, con una escalerilla que se sumerge en la bella laguna más que cristalina. Este alojamiento es imprescindible si viajáis a Bora Bora. Será el placer de la máxima tranquilidad, rodeado de jardines, playas, verde y azul en pleno exotismo.

La isla es un paraíso de sencillez y relajación. La playa tachonada de palmeras y de arenas blancas como polvos de talco, la laguna azul en la puerta trasera de vuestra habitación, y en el horizonte, los montes Otemanu y Pahia, vigilando el pequeño recorrido paradisíaco.

Bungalows en el agua

Bungalows en el agua

No dejéis la oportunidad de practicar snorkel en la isla en uno de los mejores lugares de costa para ello. Allí podréis contemplar el tráfico marino de los peces trompeta, peces ángel y peces loro, y otras especies de curioso nombre y bellísima factura: los peces pinocho y los peces napoleón. Además, una de las actividades más emocionantes que, a través de alguna ruta turística a la isla podéis hacer, es la de dar de comer a los tiburones.

Si os gusta este tipo de emociones fuertes, podéis sumergiros entre docenas de tiburones de metro y medio de longitud que están habituados a comer de la mano de los submarinistas locales. Aparte de ello, una excursión en todoterreno, rampeando por las exuberantes tierras interiores, vale enormemente la pena por las vistas desde los acantilados, que quitan la respiración casi tanto como la experiencia frente a frente a los tiburones.

¿Quién se puede resistir a la aventura de Bora Bora?. Playa, senderismo, emoción sin límites, paseos a caballo por la isla, vistas espectaculares. No hay nada mejor que hacer, nada tan extraordinario como tomar el sol al otro lado del mundo, sobre la hamaca de vuestra habitación, como si estuviéramos en medio del océano.

Cómo llegar

Cualquiera que sea nuestra procedencia, lo mejor para llegar a Bora Bora es hacer escala en Tahití. Air France, desde París, tiene tres vuelos semanales que os enlazan directamente con Tahití. Desde Tahití se toma un avión en el aeropuerto de Motu Tate que, en apenas 30 minutos os sitúan en Papeete, el aeropuerto de Bora Bora.

Autor: Jose Manuel Vargas

2 respuestas

  1. Amigos viajeros, nos dejéis escapar la oportunidad de conocer Bora Bora. Vais a descubrir un paraiso incomparable y del que no querreis marcharos. Javier Hermana García.

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