El contraste de culturas en la India

Ghats en benares

Aún recuerdo como si fuera ayer mi primer viaje a la India. Han pasado ya unos años que se cumplen precisamente en esta semana desde que con los lógicos temores de enfrentarse a una cultura tan diferente a la nuestra occidental hacía cola en el embarque del aeropuerto de Málaga. Por delante tenía doce horas de vuelo con escalas en Madrid y en Ammán, la capital de Jordania.

Fue una experiencia única. Eso sí os lo puedo asegurar, y estoy seguro que nadie que ha estado allí pueda decir que lo que recuerda principalemente tenga que ver con sus monumentos. Casi todos hablaremos de las expriencias personales y de los sentimientos que afloran en aquellas tierras que tantas penurias ha tenido que pasar durante todo el siglo XX.

Los reflejos de la pobreza, de los enfrentamientos tribales y de sus costumbres ancestrales que, desgraciadamente, en algunos casos perjudican más que ayudan, se pueden observar en cada rincón del país, en cada ciudad. Ya en el mismo aeropuerto Indira Gandhi de Nueva Delhi el choque de culturas es brutal, los olores, los sonidos, lo que se puede ver y sentir… las salas de esperas abarrotadas, con instalaciones que casi podrían considerarse tercer mundistas, pero también las costumbres que rayan casi la familiaridad, con gentes durmiendo por los suelos, con camastros en lugar de asientos convencionales, con rezos continuos, y perdonad que me repita, con esos olores tan especiales y chocantes, por decirlo de un modo suave, mezcla de comidas pasadas, de especias fuertes, de sudor y de aguas estancadas. Siento decirlo así, pero mi primer pensamiento fue el de pensar que no podría soportarlo.

Por suerte, el cuerpo se acostumbra a todo; y el olfato, y la vista, aunque nunca el corazón. Porque las mil y una cosas que allí pude ver, me resultaron en algunos casos devastadoras. Y sin embargo, y a pesar de la pena que por momentos pasé (nunca podré olvidar mi visita a la casa orfanato de la Madre Teresa de Calcuta), fue refrescante y sobre todo muy instructivo.

La cultura india y sus tradiciones están marcadas por su historia, por sus pasados védicos y brahmánico, periodo éste último al que se debe su fuerte sistema de castas que tantas controversias suscita a veces. En ningún país tanto como en éste os recomiendo que habléis con la gente local, con los guías, con quienes acompañen, porque de todos ellos sacaréis no solo información sino también enseñanzas. Y no pocas curiosidades que habréis de compartir para respetar su cultura y que no se sientan ofendidos.

Colores en Agra

Algunas costumbres y tradiciones hindúes

Ya en mi primera visita a un templo en Nueva Delhi hube de descalzarme. Para ellos es una muestra de respeto hacia su religión y sus dioses que incluso extienden a sus propias casas, donde también es aconsejable que os quitéis los zapatos antes de entrar. Como turistas, si sois escrupulosos (aunque en la India más te vale no serlo), procurad ir preparados para ésto, llevando mudas continuas de calcetines, porque a veces los suelos no están precisamente limpios, y no es por suciedad precisamente.

Las costumbres son muy diversas a lo largo de todo el país, según la región en la que os encontréis, y sin duda, una de las más coloridas es la zona de Rajhastan, aunque no se queda atrás la de Uttar Praddesh, donde veréis unas vestimentas de colores muy atractivos y llamativos. También veréis frecuentemente el punto rojo o negro que lucen en sus frentes. Para las mujeres es el “bindi”, que se coloca junto en el centro de la frente, en el entrecejo, en lo que para ellos es el sexto chacra de la sabiduría. Para los hombres, sin embargo, ese punto se llama “tilaki”, y suele estar hecho con ceniza roja.

Otra cosa que os chocará, sin duda, es la parsimonia de las vacas. Ya sabréis que allí son sagradas, y os las encontraréis paseando tranquilamente por medio de la calle, entre todo el caos de la circulación. Es lo más natural del mundo, y dado que son sagradas, nadie osaría ponerles una mano encima para apartarlas ni mucho menos, atropellarlas. Por si no lo sabíais, representan a la fertilidad y maternidad, por lo que tocarles la cola es signo de mala suerte.

Por las calles de Benarés

Por las calles de Benarés

Comer es otro cantar. Como turistas se nos permite usar los cubiertos, pero ellos no tienen problema, si están sentados junto a tí, en comer con las manos. De hecho, tan religiosos como son, también lo consideran como una necesidad para mostrar su gratitud a unos alimentos que les otorgan sus dioses. Es por eso que creen que el comer no solo debe disfrutarse con el sentido del gusto, sino que también hay que mostrar placer con el tacto. Eso sí, utilizando unicamente la mano derecha, dado que la mano izquierda es la impura, la que se usa para limpiarse el… bueno, eso. Además, la mano derecha debe estar siempre bien cuidada, limpia y con las uñas bien recortadas.

Podría hablaros de las decenas de costumbres y tradiciones que allí puedes aprender durante un viaje de un par de semanas, pero no hay nada como vivirlo en propias carnes.

Y una recomendación final: por un lado, id a pasear por Calcuta, por las calles de la Ciudad de la Alegría: es triste pero necesario para entender el estado de la India, pero por nada del mundo, si queréis sentir la religiosidad hindú, dejéis de ir a Benarés (Varanasi), la ciudad sagrada de su religión. Cuando estéis allí, levantaos bien temprano y marchad a los ghats, junto a las aguas del Ganges. Una vez allí, simplemente oid… y sentid.

Os dejo con el relato de aquel primer viaje. Espero que lo disfrutéis tanto como yo pude finalmente disfrutar y apreciar cada año que pasa.

Relato: Mi primer viaje a la India

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Categorias: India, Viajar por Asia



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