El Castillo de Kellie en Malasia

Castillo Kellie Malasia

Si viajamos a Malasia y tenemos la oportunidad de movernos por el estado de Perak, hay un sinfín de visitas que no debemos perdernos. Una de ellas es la del hermoso Castillo de Kellie, que además de contar con una arquitectura inusual en el país, cuenta también con una historia sobrecogedora. La historia de un hombre que dejó a mitad un sueño, una locura para muchos.

El joven William Kellie Smith nació en una aldea de Escocia conocida como Kellas. Llegó a Malasia en 1890 cuando contaba tan sólo con 20 años de edad, con el único fin de crecer económicamente y enriquecerse con la producción de caucho en Malasia.

Tras aliarse con un hombre bien posicionado llamado Alma Baker, y conseguir ciertos beneficios económicos de su empresa conjunta. Smith amplió su negocio a la industria minera del estaño. Fue en ese momento cuando adquirió el lugar en el que construiría su precioso castillo.

Volvió a Escocia brevemente para casarse con su novia de toda la vida, Agnes, y juntos regresaron a Malasia, coincidiendo con los años más prósperos para el negocio del escocés.

Nació su primera hija Helen, y desde entonces, ambos se obsesionaron con la idea de tener un hijo. William quería un heredero para su fortuna, y su esposa parecía no tener más misión en esta vida que otorgárselo.

En 1915, el heredero de los Kellie llegó. Su nombre fue Anthony, y su nacimiento dio lugar a la construcción de este impresionante castillo.

William sentía una gran fascinación por la religión hindú así como por su cultura. Así pues, mandó traer ladrillos y azulejos importados de la India para construir su particular palacio. Todo ello hizo que el presupuesto de la mansión aumentara considerablemente, aunque no fueron los únicos costes elevados. William se había propuesto que su casa fuera la primera en Malasia en contar con ascensor, algo que aumentó aun más el precio del castillo.

Las excentricidades de Kellie Smith eran cada vez más latentes, planeaba construir una pista de tenis cubierta en la segunda planta, una azotea para fiestas y pasadizos secretos que conectaran la mansión con un templo hindú cercano. Al parecer, el dueño del terreno tenía claro que su castillo sería el centro de entretenimiento para los ricos coloniales que se asentaban en Malasia.

Los problemas llegaron pronto. Una cepa de gripe española llegó a Asia tras la I Guerra Mundial, terminando así con muchos de los trabajadores de la finca. Además, setenta de los trabajadores que construían el castillo también perecieron. Todo ello hizo que la riqueza de Kellie mermara, y que los trabajos de su sueño de ladrillo se hicieran cada vez más lentos.

Finalmente, Kellie no pudo ver su palacio terminado, pues murió de pulmonía durante un viaje Portugal en 1926. Su esposa decidió entonces regresar a Escocia y vender la finca así como el palacio, que quedó inacabado como hoy podemos apreciar, con un estilo morisco y victoriano, mezclado con esos gustos hindúes que tanto gustaban a su dueño.

Foto vía:  timesofmalaya

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Categorias: Malasia, Viajar por Asia



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