Lisboa, guía de turismo

Lisboa, barrio del castillo

Si algo define a Lisboa, más allá incluso que su luminosa belleza, es sin duda su escala humana. La capital de Portugal invita a ser recorrida a pie (siempre y cuando nuestra forma física no se resienta demasiado entre sus empinadas calles adoquinadas).

Es además una ciudad amable y relativamente barata, donde podremos disfrutar de una sabrosa gastronomía y una amplia oferta de alojamientos a unos precios bastante asequibles. Pasemos pues a descubrir sus secretos a través de algunos consejos prácticos que serán de gran ayuda para el viajero.

– Transporte

Como hemos dicho, la mejor forma para descubrir Lisboa es recorrerla con nuestros propios pies: perderse entre sus calles sin una ruta preestablecida y respirar así sus olores, percibir su luz, dejarse contagiar por su nostalgia…

El centro de Lisboa, donde se concentran la mayoría de sus puntos de interés y sus barrios más típicos, es relativamente pequeño, pero eso sí, al estar asentada sobre siete colinas (al igual que Roma) el paseo se nos puede hacer demasiado cuesta arriba después de algunas horas. Cuando esto suceda tenemos varias alternativas:

– Coche, taxi o autobús urbano: La peor de las opciones, el tráfico resulta bastante caótico, los atascos son frecuentes y la orografía de su centro urbano hacen del viaje un auténtico suplicio. Mejor dejar el coche en el hotel y decantarse por otro tipo de transporte urbano, pues en Lisboa existen varias opciones mucho más cómodas, típicas y placenteras.

– Tranvía: Si cada gran ciudad tiene su símbolo, ese icono que la identifica y que nos viene a la memoria en cuanto pensamos en ella, el de Lisboa es sin duda el tranvía. Los eléctricos, como los llaman los lisboetas, con su color amarillo y sus asientos de madera, traqueteando arriba y abajo por las siete colinas de la capital, son una de las imágenes más clásicas y representativas de la ciudad.

Ningún visitante debería perderse la experiencia de subirse a uno de ellos, pues además de típicos y coquetos, resultan baratos y un medio muy práctico de desplazarse por la ciudad. Especialmente recomendable es el nº 28, cuyo recorrido abarca los barrios más antiguos y tradicionales de Lisboa.

– Funiculares y elevadores: De aspecto parecido al de los tranvías, sirven para acceder a los barrios altos desde la parte más baja de la ciudad. De los muchos que existían en Lisboa quedan tres en la actualidad, convertidos en verdaderos reclamos turísticos: el de Gloria, el de Bica y el de Ladra.

Mención aparte merece el elevador de Santa Justa, un ascensor construido a principios del siglo XX por un discípulo de Eiffel que sirve para acceder al Barrio Alto.

– Metro: El metro de Lisboa resulta un medio excelente para desplazarse desde el centro a los barrios de la periferia. Reformado y ampliado gracias a las obras que la ciudad emprendió para la Exposición Universal de 1998, merece la pena visitarlo no sólo por su excelente funcionamiento y puntualidad, sino también por sus magníficas y sorprendentes estaciones. Algunas de ellas son verdaderas obras de arte, con sus paredes esculpidas con los famosos mosaicos y azulejos portugueses, llenas de luz y de color.

Funicular de Bica

Una recomendación: si se van a pasar varios días en la ciudad resultará muy rentable adquirir la Lisboa Card, una tarjeta que permite viajar de forma ilimitada en los autobuses, tranvías, funiculares, metro y trenes de cercanías, así como entrar gratuitamente en 26 museos y atracciones de la ciudad. Se adquiere en las oficinas de turismo (la principal está en la Plaza de Restauradores) y estaciones de ferrocarril. Sirve para uno, dos o tres días, y su precio oscila entre los 15 y 30€ dependiendo de la duración elegida.

– Alojamiento

Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las capitales europeas, es posible alojarse en un buen hotel de Lisboa a un precio razonable. La oferta es amplia y variada, pues la ciudad se vio favorecida en este y otros muchos aspectos por el impulso modernizador de la EXPO ’98. A partir de los 50€ se pueden conseguir buenas ofertas en hoteles de 3 y 4 estrellas.

La mejor zona para alojarse es la Plaza de Restauradores y alrededores de la Plaza del Rossio, desde donde podremos acceder fácilmente a los lugares más visitados de la capital. Otra opción es buscar habitación en los barrios de las afueras, bien comunicados con el centro a través del metro y a precios aún más baratos.

La zona cercana a la Plaza de Marqués de Pombal también es una muy buena opción, pues abundan los hoteles y restaurantes y la distancia al centro se puede salvar con un agradable paseo de apenas diez minutos.

Para más información, aquí tenéis una relación de hoteles en Lisboa.

– Gastronomía

En Lisboa abundan los restaurantes de todo tipo: familiares tascas de comida, restaurantes de cocina internacional o casas de fado donde podremos degustar la sabrosa cocina portuguesa bajo una atmósfera de música y velas. Los precios, salvo los típicos sitios ‘cazaturistas’ que saltan a la vista, suelen ser ajustados, y por unos 15€ por persona se puede cenar un buen pescado acompañado de vino y postre en un restaurante elegante.

Eso sí, cuidado con los entrantes, normalmente compuestos por algo de embutido acompañado de aceitunas, paté, pan y mantequilla: los suelen poner sin pedirlos, como si fueran un obsequio de la casa, y si no especificas que los retiren los cobrarán a buen seguro, incrementando la cuenta entre unos 5 y 7€.

Evidentemente el plato más típico de Portugal es el Bacalao, preparado de mil y una formas diferentes, pero en realidad Lisboa es un excelente lugar para probar cualquier tipo de pescado, pues resulta económico y sabroso, desde las típicas sardinas a los ‘peixes grelhados’ (pescados a la parrilla), calderetas o arroces caldosos.

Tampoco hay que perder la oportunidad de probar sus cafés, siempre excelentes, ni su extensa y elaborada gama de riquísimos postres, sobre todo los famosos Pasteles de Belem: una exquisitez de crema y hojaldre preparados desde 1837 en la antigua Pastelería de Belem.

Bacalao

– Lugares con encanto

Lisboa dispone de innumerables lugares capaces de sorprender al viajero. De entre todos ellos seleccionaremos apenas tres, y dejaremos en el destino de cada uno descubrir el resto, quizás a la vuelta de cada esquina, ese rincón que se grabará en nuestra memoria como un recuerdo indeleble que siempre asociaremos a la ciudad.

Pub Chinês: No resulta fácil dar con él, subiendo desde San Pedro de Alcántara en dirección al parque Príncipe Do Real. Ningún cartel lo anuncia en su fachada, consta de una simple puerta cerrada y un timbre al que hay que llamar.

Nada más entrar tomamos conciencia de hallarnos en un lugar único, con una amplia sala llena de mesas y reservados con sofás, y con sus paredes absolutamente repletas de colecciones y cachivaches: soldaditos de plomo, muñecas, maquetas de muchos vehículos, cascos, abanicos, cuadros, utensilios varios… todo dispuesto en infinidad de estanterías y vitrinas. Son en total cuatro o cinco estancias, una enrevesada disposición en forma de museo decorado al más puro estilo británico. La bebida es algo cara pero merece la pena. Se trata de uno de los lugares más excéntricos y sorprendentes de Lisboa.

Cervecería Trinidade: Uno de los locales más populares de la ciudad. Se trata de un antiguo convento reconvertido en restaurante, con dos enormes comedores azulejados y decenas de pequeñas mesas alineadas en cada uno. Es un lugar luminoso y sorprendente, aunque sus mesas están demasiado juntas para la amplitud del local. Las cervezas en grandes vasos son sabrosas y frescas.

Probad el ‘Bife de porco a la Trinidade’, con salsa de cerveza especial de la casa, y de postre ‘Piña a la Madeira’, riquísima. Un sitio muy recomendable.

A Ginjinha: Es una especie de taberna de paso, un despacho de comestibles y bebidas muy típico de Lisboa donde elaboran las famosas Ginjas, una especie de licor de cereza que sirven en vasos pequeños de plástico para poder beber en la calle. La guinda no sabe muy bien, aunque el licor no está mal, dulce y bastante cabezón.

Pero lo mejor es sin duda el ambiente, donde decenas de estudiantes, trabajadores y turistas se detienen un momento para echar un trago antes de de continuar con sus labores diarias.

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