Edimburgo, una ciudad entre la leyenda y la Historia

Edimburgo

Ciudad legendaria. Envuelta en un halo de misterio, de historias, de leyendas. Hechizada por la pluma de Robert Louis Stevenson en libros como Jeckyll o Mr. Hyde, o por la de Sir Walter Scott a quienes debemos las lecturas de Ivanhoe y el descubrimiento del tesoro de la corona de Escocia. Edimburgo, una ciudad que ha crecido a la sombra de su imponente castillo, cuna de famosos reyes como Jacobo I, hijo de María Estuardo. Edimburgo, ciudad de callejones medievales, de tejados puntiagudos, de paredes en piedra ennegrecidas por la Historia, de buhardillas y chimeneas…

Edimburgo, con medio millón de habitantes, se extiende sobre siete colinas. Un recorrido entre calles que resulta apasionante pero al mismo tiempo es agotador, por sus continuas cuestas y escaleras. Tanto subir y bajar nos ofrece toda una serie de miradores desde los que admirar la ciudad.

En una de ellas, la gran fortaleza, el emblema de la ciudad se levanta señorial y soberbio: Castle Rock, la primera fortaleza celta con la que se defendía a la ciudad. Desde allí se puede distinguir toda la ciudad, tanto su parte vieja como su parte nueva. El castillo se levanta sobre 135 metros de roca basáltica. Sobre un extinto volcán en el que se edificó allá por el siglo VI. Desde el siglo XI fue residencia de reyes, pero durante dos siglos se convirtió en un auténtico bastión que fue capturado en varias ocasiones por los ingleses en su lucha con los escoceses. Así, en 1313, decidieron demoler sus murallas. Poco después, en el año 1356, el rey David II fue el que le dio su imagen actual.

A los pies del Castillo se encuentra la ciudad vieja. Pasear por la Royal Mile es un auténtico placer. Es el eje de esta parte de la ciudad, la que se construyó antes del siglo XVII. Es una milla cubierta de adoquines y jalonada por palacios estrechos e iglesias puntiagudas… y saliendo de esa Royal Mile, multitud de estrechas callejas, de pasadizos que te llevan al mundo de aquellas extrañas aventuras contadas por Stevenson y su Mr. Hyde: misterios, sombras, fantasmas… apetece deambular sin rumbo, perderse por ellas y admirar cuánto sale al paso.

Existe en esta parte de la ciudad una iglesia preciosa a la que conocen como la Catedral de Edimburgo: la iglesia de Saint Giles, un majestuoso templo gótico reformada por John Knox en el siglo XVI, para emprender la Reforma que los llevaría a desligarse del dominio eclesiástico inglés. En su interior sombrío destacan sus columnas normandas y sus vidrieras artísticas. Muchas lápidas con personajes y hechos históricos de Escocia se reflejan en un interior donde hay pocas imágenes y altares a juego con el aspecto triste y ennegrecido del exterior de la Catedral.

Desde la plaza de la Catedral, llamada Plaza del Parlamento, entre los jardines de West Princess y East Princess, que destacan por sus lagos, su verdor, sus figuras. A un lado de los jardines podremos encontrar la Princess Street que separa a la Ciudad Vieja de la Nueva, y el monumento a Walter Scott. Al otro lado de los jardines, una serie de edificios de corte neoclásicos: el antiguo Parlamento del siglo XVII, hoy Palacio de Justicia, la Biblioteca Nacional y el Ayuntamiento, un edificio del siglo XVIII.

Si seguimos por la Royal Mile en dirección a Holyroodhouse, nos adentraremos en Canongate Street, un distrito independiente durante 700 años, en el que podremos admirar el Canongate Toolboth, un museo dedicado a la vida cotidiana de los edimburgueses; el Canongate Kirk, un famoso cementerio donde se encuentran enterradas importantes personalidades como Adam Smith, el padre de la economía moderna; también es digno de visitar el Whitehorse Close, la posada de la que partían las antiguas diligencias que iban a Londres.

Y así, llegamos a Holyroodhouse, erigido en su mayor parte en el siglo XVII y residencia oficial de la reina de Inglaterra y antiguamente de María Estuardo. A su lado, los fantásticos bosques de Holyroodpark.

Junto al Palacio se levanta la colina de Calton Hill, desde donde se tienen las mejores vistas de la ciudad. No se puede dejar de subir a ella y tomar fotos de la ciudad. Al otro lado de la colina podremos ver el estuario del rio Forth. Destacan el observatorio astronómico, el templete en honor a Stewart, un filósofo local; la torre homenaje al almirante Nelson o una pequeña réplica inacabada del Partenón que ha sido bautizada popularmente como el Edimburgh’s holly (la tontería de Edimburgo).

Edimburgo

La New Town está declarada, al igual que la antigua, como Patrimonio de la Humanidad y fue construida a partir del siglo XVII, después de plantear un concurso en el que se pedían una serie de diseños para expandir la ciudad. Fue James Craig el ganador, quien planteó el crecimiento de Edimburgo en torno a tres arterias principales: Princess Street, George Street y Queen Street.

La calle más señera es la segunda, la George Street: elegantes mansiones georgianas con dos plazas dignas de admirar: la St. Andrew y la Charlotte Square. Y si en un momento de su historia fue sede de bancos prinicpalmente, hoy día, esta parte de la ciudad destaca por sus pubs y sus bares donde degustar las clásicas cervezas y los whiskys.

Es, por lo tanto, zona de obligada visita para vivir también lo que es el ambiente de ocio escocés, y degustas sus larguísimas cartas de cervezas y whiskys; no basta con pedir una pinta… hay que pedir una marca, e igual ocurre con los whiskys, donde encontraremos desde el puro de malta hasta el blended (mezclado)…

Y si por otra cosa Edimburgo rivaliza con Londres es en los museos. Es una ciudad repleta de arte. La National Gallery of Scotland es una de las mayores pinacotecas de Gran Bretaña: cuadros de Rembrandt, de Rafael, de Gauguin, de Cezanne… la National Gallery of Modern Art, con obras de Miró o Braque…

Gastronomía

Destacan por su bebida. Como hemos dicho, lo más conocido son sus whiskys. Conviene buscar aquellos establecimientos que llevan el sello de “Taste of Scotland” porque sirven platos tradicionales escoceses. Los pubs suelen dar conciertos por las noches, destacando entre todos, el café Royal, un pub de estilo victoriano. Por último, no hay que venirse de Edimburgo sin pasar por una ostrería. Es algo típico. Media docena de ostras pueden costar unos 10 euros.

Compras típicas

Obviamente, una vez más, los whiskys. También las clásicas ropas a cuadros escocesas; las muchísimas librerías que hay en la ciudad nos ofrecen toda la gama que queramos encontrar; las tiendas de antigüedades y cómo no, las gaitas. En Blackfriars Music hay una impresionante variedad de gaitas para comprar.

Horarios

– Museo real de Escocia: de lunes a sábado de 10 h. a 17 h. Domingo de 12 a 17 h. Entrada gratis.

– National Gallery: de 10 a 17 h. y domingos de de 12 a 17 h. Entrada gratis.

– National Gallery of Modern Art. idéntico al anterior.

– El Castillo: Abierto entre abril y septiembre de 9,30 a 17,15 h. El resto del año de 9,30 a 17 h. La entrada cuesta 13 euros.

– Palacio de Holyroodhouse: De abril a septiembre, de 9,30 a 17,15 h. resto del año de 9,30 a 15 h. Entrada, 10,50 euros.

– Catedral de Saint Giles: de abril a septiembre de 9 a 19 h. resto del año hasta las 17 h.

Curiosidades

La mejor época para visitar Edimburgo si queremos conocer algo tradicional, este año será del 12 de Agosto al 2 de Septiembre en que se celebra el Festival Internacional de Edimburgo, donde podremos ver desde orquestas típicas a coreografías, conciertos de música, teatro y numerosas fiestas por las calles.

Información

Tenéis más información de Edimburgo en nuestro blog dedicado a Escocia. Os dejo el enlace: Edimburgo

Y si necesitáis alojamiento, informaros en: Hoteles en Edimburgo.

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Categorias: Escocia



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